La Familia Real es un cuadro

Veinte años después de su encargo, se presentó en Madrid el cuadro de la Familia Real española pintado por Antonio López. Una obra que, tras dos décadas, ha perdido sustancia ya que ni el Rey es Rey ahora porque lo es su hijo; ni la Monarquía está igual de bien vista que lo podía estar en 1994.

Titulado de una manera muy original como ‘Retrato de la familia de Juan Carlos I’, Antonio López retrata a los originales, no a la saga larguísima de nietos, ex yernos extraños y yernos ladrones. Desde luego, si se hubiera empezado a pintar en 2014, la escena sería totalmente diferente y quizás estaría más cercana a ‘Las Meninas’.

Habría que preguntarle al artista cómo habría incluido a Iñaki Urdangarín. Quizás lo habría pintado con un saco con el símbolo del dólar, un antifaz y con un billete para Suiza bajo el brazo. Y a su esposa, la Infanta Imputada, perdón, Cristina, saldría con un bocadillo de viñeta en el que aparecería las palabras “No me consta”.

Luego está la Infanta Elena. La hermana buena y honrada. La que se casó con el que un día fue el yerno mal visto. Un señor que ahora debe ir sacando pecho de sarao en sarao. Lo que son las cosas. Tampoco está Letizia, que ahora es reina consorte y por lo visto, según dicen en la extrema derecha, le dolía la cabeza la ceremonia de izado de la bandera en Zarzuela y la ha mandado quitar. O algo así.

¡Ah! Por supuesto no sale Froilán. Él es el gran ausente de ese cuadro sobre esa Familia Real que un día tuvimos y que ahora no sabemos muy bien quién forma parte de ella. Froilán habría dado glamour a la obra. Podría estar en un borde del mismo, bien con un flyer de alguna discoteca de moda o con una papeleta de Podemos. Que el niño ha salido rebelde.

Pero no está Felipe Juan Froilán de Todos los Santos. Ni el Pequeño Nicolás, lo que sorprende en estos tiempos. ¿Serán colegas Nicolás y Froilán?

Sea como sea la cosa, el cuadro de Antonio López recuerda unos tiempos mejores de la familia mantenida por todos los españoles. Cuando no había escándalos de corrupción, faldas o cacerías de elefantes y osos borrachos. Cuando el Rey aún no había pedido perdón porque se había equivocado. Cuando el Príncipe Felipe era el soltero de oro de la realeza europea.

Ahora hay casos de corrupción por medio, amantes y escándalos que, probablemente estén siendo tapados. Cuando se empezó ese cuadro mirábamos por encima de los hombros a los británicos por su realeza y decíamos algo así que los borbones eran buenos.

Pero ya no. Las cosas han cambiado. Y ni con el Rey nuevo (Felipe VI, el chico tan preparado y tan alto) ni con el Froilán de turno se escapa que cada vez más gente está cansada de pagarle las fiestas a estos señores. Ya no existe el respeto de antes y tampoco vale el hecho de ser campechanos. Ni muchísimo menos.

Ahora no hay que hablar del cuadro de la Familia Real. Más bien, del cuadro en el que se ha convertido la Familia Real.

bluebird Comunicación
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