“La discoexcusa”: Te lo metes donde te quepa

Yo trabajo con niños.

Me refiero a que, por las mañanas, trabajo asesorando a centros de educación infantil (lo que solíamos llamar guarderías) cuando se encuentran con niños que tienen dificultades o problemas.

Parte de mi trabajo es ayudar a las madres y padres cuando aparecen problemas de conducta en casa, y reconozco que es una de las cosas que más disfruto.

Me gusta, sobre todo, porque enseño técnicas sencillas, directas, firmes y constantes que huyen desesperadamente de la sobreexplicación.

Suelo preguntar a las madres y padres: ¿de verdad creéis que, con menos de tres añitos, va a hacer o a dejar de hacer algo sólo porque se lo expliquéis como si fuera un adulto, esperando que entienda la bondad moral detrás de lo que planteáis?

Con esto intento evitar que acaben exhaustos a base de pensar ¿por qué no lo hace si se lo estoy explicando y está tan claro?

Pasar de la palabra a la acción. A la acción calma, callada y poderosa. Hasta sonriente. Pero firme. La conducta silenciosa que enseña más que los discursos.

Un regusto a la resistencia pasiva de los antimilitaristas o a la acción directa de los libertarios. Herramientas poderosas que se reconocen por sus frutos más que por su publicidad.

Un poderoso NO de piedra.

Retornar al remitente

O un poderoso NO de mármol.

Como aquel que Santiago Sierra esculpió y mandó de gira por todo el mundo. Con una interpretación abierta pero con una contundencia clara y sin ambages.

Son las pequeñas alegrías que, cuando ya no esperas nada, te da el arte.

Ya lo hizo el propio Sierra negándose, en su momento, a aceptar el Premio Nacional de Artes Plásticas como enhiesto dedo frente a la cara del Estado.

Y otras lo han seguido, como la fotógrafa Colita, que ha hecho lo propio con el Nacional de Fotografía de este año.

Del mundo del arte, que como tal ha de ser contestatario o no ser, llegan posiciones firmes y negativas rotundas, aun cuando se tiene mucho que perder. Bueno, al menos eso es lo que los poderes quieren que pensemos. Nada tiene que perder quien ya lo tiene todo en su trabajo. Y, en plenas crisis, es más difícil venirnos con el cuento de que lo importante es el premio oficial o el dinero.

A mi me arrancan aplausos. Incluso para el director del Museo Reina Sofía que, aunque no es precisamente santo de mi devoción, se planta y no retira la obra Cajita de Fósforos, objetivo de las iras de los meapilas de antaño que siguen creyendo en lo que les dice el clero (y supongo que, también, en el Ratoncito Pérez).

Mamá, ya te decía yo que estudiar una carrera, aunque sea la de derecho, no te libra de ser un mentecato.

Y la penúltima de las alegrías me la aporta el viejo maestro Jordi Savall. Viejo porque, vale, los años pasan para todos, aunque se peinen las canas con elegancia extrema. Pero, sobre todo, viejo por comprensión, por respeto y viejo por zorro viejo que ya sabe de qué va esto.

¿A mí me vas a dar un premio tú, que agarras un Ministerio de Cultura para erradicarla, en lugar de protegerla, como los bomberos de Farenheit 451 usaban el fuego, en lugar del agua, contra los libros?

Ni Wert y los suyos están en disposición de representar la cultura o dar premios en su nombre, ni Savall se las va a tragar dobladas a estas alturas.

En pie y aplauso al señor de la viola de gamba.

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Los que permanezcan ajenos a la música, y en concreto a la música clásica, puede que desconozcan a Jordi Savall y a la formación Hèsperion XX (hoy Hèsperion XXI) y que no lleguen a comprender la importancia de su obra y sus palabras.

Hèsperion XX es un grupo de música antigua comandado con increíble talento, conocimiento y maestría por Jordi Savall.

Savall, por su parte, es un violagambista de referencia indiscutible y un musicólogo al que le debemos el descubrimiento y la permanencia en la memoria de infinidad de músicas que, sin él y los suyos, se habrían perdido.

Pero no solo es importante por mantenerlas, sino por ejecutarlas con una perfección que convierte cualquier obra del inmenso catálogo de Hèsperion en una de esas elecciones fáciles en la tienda de discos. Coge esa. Sí, esa. No, no hace falta que me digas cuál es. Llévatela. Escúchala con calma y deja que los siglos te cuenten sus secretos.

En el Llibre Vermell de Monserrat (El Libro Rojo de Monserrat) revisa cantos y músicas medievales que, más allá incluso de su indudable valor histórico, pueden dejarte perplejo como músico al pensar que se compusieron alrededor del siglo XIV y que su origen está en el monasterio de Monserrat, en Barcelona. Alegrías de lo cercano.

Obra incontestable que perdura en el tiempo, como el sonido de una melodía nítida, sencilla y que toca donde debe.

Como un no contra la incultura. Como un no contra los que nos quieren mansos. Como un no que, en silencio, hace ruido porque no habla; porque hace.

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Melómano, bibliófago, cinéfilo, multiinstrumentista, anarquista, vegetariano y guitarrista de CdeFlecha. Pago por que me peguen y a veces doy yo también. No creo en dios e incluso me cuesta creer en el vodka porque es transparente, y mira que me gusta. Aprovecho los discos que escucho para hablar de lo que pienso. Aprovecho lo que pienso para entretenerme mientras voy a comprar discos.

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