«La discoexcusa»: Tan claro como el plástico

discoexcusa

El proceso de aprendizaje humano siempre ha sido uno de los campos que más han despertado mi interés. Y este meta-aprendizaje (aprender cómo se aprende) ha hecho que vuelva, una y otra vez, sobre  mi propio proceso.

Un ejemplo que te puedo poner es cómo aprendí una palabra gracias a una experiencia.

Cuando, en casa de mis padres, mi madre se decidió a cambiar la puerta de entrada, vieja y de madera, por una nueva, acabaron decantándose por una cancela metálica.

Hasta ahí, todo normal. Una puerta algo más pretenciosa para una familia que no quería parecer tan antigua.

Lo fascinante del proceso estaba en el cristal de esa cancela. Entre los barrotes pintados de negro y soportado por las barrocas figuras de pájaros y flores metálicas habitaba un cristal que dejaba pasar la luz, pero no la imagen.

¡Vamos, yo era un niño! Me pasaba las horas mirando ese cristal que no te permitía ver a los desconocidos que llegaban a casa hasta que estaban justo en frente. Y, aun así, no eran más que unas siluetas difuminadas y blanquecinas.

La figura de mi padre, por entonces con más kilos, aparecía deformada y más delgada. Mi hermana llegaba a casa y pegaba la cara al vidrio. Así la conocía, pero resultaba una imagen entre cómica y aterradora.

Había aprendido un nuevo concepto relacionado con la luz y una nueva palabra para definirlo que ya siempre asociaría a esa puerta y a ese cristal: translúcido.

Más tarde aprendí que ese era el estado que existía entre transparente y opaco. Y así mi universo mental se expandió un poco más. La luz ya no solo pasaba o no. Ahora podía pasar… o depende.

De tarjeta roja

¡Ah, el lenguaje! La puerta de entrada al cerebro, como proponen acertadamente Chomsky y Pinker. Tan lleno de normas. Y tan lleno de excepciones a la norma.

Tan lleno de significados. Y tan pasándose los significados por el forro cuando quiere.

Los humanos tenemos la interesantísima habilidad de decir una cosa queriendo decir otra y, así, barnizar la realidad con una capa de otra sustancia que se parece remotamente a ella.

Al dinero lo llamamos pasta. Y a pagar con pasta pero que no está en tu bolsillo sino que es solo lo que respalda tu rectangulito de plástico lo llamamos pagar con tarjeta. Y si tu tarjeta hace que el banco te lo cobre ahora mismo, es una tarjeta de débito (porque se lo debes, que no te escapas). Y si te deja pagarlo más tarde (porque pagar, lo vas a pagar) se llama tarjeta de crédito.

¿Pero y si imaginamos que existe un tipo de tarjeta, una milagrosa, que te permite comprar pero no pagar nada? Me refiero a que no está conectada directamente con la pasta que tienes en el banco. Vamos, que es el banco el que te regala la pasta. ¿Cómo llamarías a tu tarjeta?

Pues resulta que las llaman tarjetas opacas. ¡Tarjetas opacas! ¡Con lo claro que lo hacen todo! Aunque Esperanza Aguirre parezca que no lo entiende (que es su trabajo, el no entender cuando no le conviene), lo que hacen las tarjetas opacas no es ocultar nada, que va. Lo que hacen es dejar bien claro que, en este listado de usuarios, solo hay un grupo de ladrones que representan sin lugar a dudas para qué sirve rescatar bancos y cajas.

Y aquí andamos, con este vidrio translúcido que muestra y esconde a la vez para que no dimita nadie (y con nadie me refiero a que, para ser claros, menos opacos, debería dimitir aquí hasta el apuntador y haber sido la última tomadura de pelo de este sistema hacia los ciudadanos).

Mañana voy a salir a comprar e intentaré pagar con la tarjeta de visita de mi veterinario, porque vaya usted a saber si hay más tipos de tarjeta y dejo de tener la clara, la que me deja la cuenta a cero, para tener otra que, aunque no sea opaca, haga que mi compra me salga más justa o, por lo menos, no haga que mi sudor se convierta en un número más en la cuenta de algún ladrón.

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Y el placer está en descubrir gratis grupos y discos. Por eso están aquí Halfsleep, un trío de Texas que ejecutan con precisión una suerte de jazz y math-rock que juega con las estructuras igual que los periodistas juegan con el lenguaje para decir una cosa queriendo decir otra.

O como los economistas y los banqueros para decir miles de cosas cuando lo que quieren decir es robo.

Robo, simplemente.

Halfsleep regalan su obra (tú le pones el precio que quieras) en su bandcamp.

Este EP de Halfsleep se llama ‘Opaque’. Y me resulta curioso que, aun siendo bello y complejo, me resulte tan claro.

Tan claro como que Halfsleep son muy buenos.

Tan claro como que Esperanza Aguirre tiene la estatura mental de una piedra (con perdón de Joaquín Reyes).

Tan claro como que los que dan tarjetas opacas son ladrones.

Tan claro como que los que cogen tarjetas opacas roban.

Tan claro como que los que han usado tarjetas opacas son unos chorizos.

Tan clarísimo como que a quien roban es a ti.

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Melómano, bibliófago, cinéfilo, multiinstrumentista, anarquista, vegetariano y guitarrista de CdeFlecha. Pago por que me peguen y a veces doy yo también. No creo en dios e incluso me cuesta creer en el vodka porque es transparente, y mira que me gusta. Aprovecho los discos que escucho para hablar de lo que pienso. Aprovecho lo que pienso para entretenerme mientras voy a comprar discos.

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