«La discoexcusa»: El eterno retorno

La discoexcusa

Supongo que todos, o casi todos, hemos tenido una de esas relaciones que llegan a su fin.

Ah, sí, perdón. Quería decir que llegan a su fin y luego vuelven. Y luego llegan a su fin. Y luego vuelven. Y finalmente se acaban. Pero vuelven…

Y es que si el ser humano no encuentra piedra con la que tropezar, pues se monta una cantera y a rodar se ha dicho.

Por nuestra vida van pasando personas que, un día, consideramos como imprescindibles y que, cuando amenazan con salir de ella, hacemos lo imposible por hacerlas regresar. Pero es que, cuando por fin se van, resulta que el mundo sigue y que lo más que han hecho es dejar una huella. En ocasiones para mejor y en otras… para estarse quietecitos.

Son esas personas tóxicas a las que, como imbéciles, nos aferramos blandiendo el más vale malo conocido y otras perlitas de la sabiduría popular. Dejar ir es un don que no todos tenemos, pero es que, reaccionar para la siguiente cuando quien se va nos ha dejado un regalito envenenado, eso ya es harina de otro costal.

El cadáver del caballo de Atila

Confieso que he disfrutado, por primera vez en mi vida, con algo que ha dicho Ana Botella. Si, eso de que ya no se presenta más, que se retira, que se da el piro. Ha tenido que decir que se va para darnos una alegría. Y nos deja un legado de aberraciones políticas entre las que ella misma y su llegada al poder son el mejor ejemplo.

Y cuando todavía estoy paladeando la salida del plano de esta señora, escucho en la radio que Botín ha muerto (porque dudo que se pueda pasar a mejor vida, en su caso). ¡Y espera, que el presidente del Corte Inglés está pidiendo pista!

Día de adioses y de sonoros que os den. Día de mirar atrás y ver qué nos dejan estos prendas.

Y es una de las peores características del capitalismo brutal que representan, el de pervivir por encima de sus garantes.

Cierto que se van y que nos dejan descansando, pero el arreglo de la casa tras el tornado Botella, el huracán Botín o la tormenta Álvarez lo pagaremos nosotros.

No creo en absoluto que haya para ellos nada más que la podredumbre (la simbólica y la literal) una vez que terminen de jodernos, pero me cuesta no imaginármelos en una nubecita o en el sillón de su casa, frente a la tele de tropocientas pulgadas, descojonándose de todos y cada uno de nosotros.

Se van, efectivamente, y ya estaban tardando, pero nos dejan el tinglado montado con la tranquilidad de que no nos hemos dado cuenta de que solo nosotros podemos echarlo abajo de una vez.

Y otros como ellos volverán a ocupar sus puestos para hacer exactamente lo mismo que sus predecesores. Y tocarán las mismas canciones y nos sonarán antiguas, pero las corearemos igual a no ser que decidamos cogerle el gustillo a esto de los finales.

 

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A pesar de que me gustan mucho, el caso de The Who siempre me ha producido una incontenible risa.

Tienen discos fabulosos, como este ‘Who’s Next’, plagado de himnos y de arreglos claros plenos de energía.

Sin embargo, se hacen mayores, van muriendo casi todos, se separan… pero vuelven… pero se separan… pero vuelven… pero se separan.

La verdad es que me da exactamente igual lo que hagan con la formación, ya que no soy exageradamente mitómano, no voy a ir a verlos a un enésimo concierto de reunión y discazos como este ‘Who’s Next’ ya están hechos, por lo que puedo disfrutarlos en casa, punteo a lo House en ‘Baba O’Riley’ incluido.

Son una de estas bandas que representan ya más que aportan y que, por lo tanto, pueden volver y revolver. Lo que han hecho, ya lo han hecho.

Afortunadamente, en la música, una vuelta a los escenarios tras una retirada solo puede aportarnos, en el peor de los casos, un mal disco de directo, una gira decadente y un poco de vergüenza ajena.

Lamentablemente, en política y economía los que se van lo dejan todo atado y bien atado. Y las vueltas implican otro empujoncito a la piedra de Sísifo por parte del ciudadano de a pie.

¿A ver si va a ser cuestión de hacer como con los conciertos de reunión? ¿Y si ya no les compramos más entradas a estos banqueros ladrones, a estas alcaldesas de encefalograma plano o a estos empresarios que recuerdan con añoranza el sistema esclavista? ¿Y si asisten solo a sus nuevas giras de regreso ellos y sus familias? ¿Y si recuperamos viejas ideas como la de limpiar el panorama y tocamos una canción totalmente nueva?

Ya han caído estos. ¡Venga, que no decaiga! ¿Quién es el siguiente?

bluebird Comunicación
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1 Comentario

  1. Uy, ahora resulta que vivimos en un capitalismo brutal.Vaya, y Francia interviniendo el 60% de su PIB. tendríamos que vivir en Cuba o en Corea del Norte, o en los viejos tiempos de las dictaduras comunistas de Europa para disfrutar de la excitacion producids al escuchar los discos prohibidos de los Who y la Velvet…Eso sí que sería fascinante.

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