“La discoexcusa”: Viejos para entenderlo

Desde Enrique Morente, a los rockeros nos cuesta menos hablar de flamenco, pero es que a los rockeros de pueblo andaluz, como un servidor, nos cuesta menos aún.

Lo hayamos catado o no cuando niños, nos hemos criado con la influencia de las peñas flamencas y los medios de vino.Y no es por ponerme psicodinámico, pero esas cosas marcan en más de un aspecto.

Una buena costumbre que creo he ido ganando con los años es la de buscar conocimiento en los mayores, es decir, en gente más sabia que yo que ha pasado por aquí antes de que uno apareciera, para lograr comprender una realidad que apenas llego a abarcar.

Exactamente igual me ocurre con el flamenco. La forma de vencer el portón del respeto y, aun así, interiorizar dicho respeto para abrirle las exclusas al puro gozo pasa, necesariamente, por escuchar a los mayores.

Pero no a esos mayores que son peores que los advenedizos. Esos que ladran contra lo nuevo porque lo nuevo supone que se les acabó el chollo del poco talento y la tontería, como hacían hace un mes Rancapino, José Menese y Fernando de la Morena.

No; prefiero escuchar a mayores que ya incluso nos dejaron y que estaban más avanzados que los que nos quedamos, como Manolo Caracol o el propio Enrique Morente.

Mayores que me ayudan a entender lo que está ocurriendo porque es algo complejo, y que me remiten a fórmulas antiguas llenas de claridad y no por más simples menos certeras.

Ganar la calle

Ya he dicho que soy de pueblo. Soy del mismo pueblo que Carlos Cano, el chico de 25 años que, junto con Carmen Bajo, está esperando un indulto que demuestre claramente que exigir los derechos que son de uno, que son de todos, no es un delito.

Me cuesta entender que por algo tan básico como manifestarse pacíficamente puedan estar esperando la cárcel (tres años de prisión) un chico de 25, hijo de una familia paisana, amiga y querida, y una mujer de 56.

Y me cuesta mucho más entenderlo si tengo en cuenta que este ha sido un año espectacularmente relajado en lo legal para corruptos y delincuentes de las altas esferas.

Algo ha pasado a mi alrededor que ha cambiado demasiado. Esto no era lo que yo aprendía en la escuela acerca de la justicia y del valor de la protesta como herramienta para una ciudadanía sana y una sociedad equilibrada.

Y como no puedo entenderlo, y como me llena de indignación, y como me duele por lo particular pero también por lo universal, tengo que echar mano de los antiguos, de los que me enseñaron cuando comenzaba a gatear por el mundo. Vuelvo a los discursos esenciales, radicales en cuanto a que van a la raíz, y vuelvo a hacer mía una frase que repetía Carlos, el chico de 25 años y que sus padres redoblan ahora en cada manifestación pidiendo su libertad. «Solo el pueblo salva al pueblo».

Algo tan sencillo, claro y verdadero que podría ser parte de un fandango de Alosno.

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Francisco José Arcángel Ramos, más conocido como Arcángel, es un cantaor onubense que, cuando sacó ‘La calle perdía’ a la luz contaba con 27 años.

Es un disco viejo. Pero viejo por lo respetuoso, por la honda sabiduría que lo entronca rápidamente con cantaores que han sembrado las bases del flamenco, y que alarga la mano para agarrar lo que serían sus siguientes discos y espectáculos. En estos abrazaría a Morente y a Caracol con el mismo gozo que yo mismo lo hago cuando me pongo los auriculares.

Pero ‘La calle perdía’ tiene el aliciente de ser un disco atemporal cantado por un chico de, entonces, 27 años que se apoya en sus mayores para clavar sentencias vigentes, melodías limpias y un mensaje claro: hay cosas que son de sentido común y este, irremediablemente, está en la calle.

Que no se robe esta, que no nos la arrebaten, que salir a tomarla no sea un delito, que no podamos dar, nunca, la calle por perdía.

Que el flamenco sea libre, tanto como los que luchan por los derechos, ya tengan 27, 25 ó 56.

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Melómano, bibliófago, cinéfilo, multiinstrumentista, anarquista, vegetariano y guitarrista de CdeFlecha. Pago por que me peguen y a veces doy yo también. No creo en dios e incluso me cuesta creer en el vodka porque es transparente, y mira que me gusta. Aprovecho los discos que escucho para hablar de lo que pienso. Aprovecho lo que pienso para entretenerme mientras voy a comprar discos.

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