Karadzic, Die Monster von Balkan

Nada más finalizar la guerra de Bosnia, en un escaparate del centro de Sarajevo vi una caricatura de un chetnik, un paramilitar ultranacionalista serbio, con el título de ‘Die Monster von Balkan’ (el monstruo de los Balcanes). Reí en aquel entonces pensando que efectivamente se parecía mucho a Karadzic, y que como él y su terror ya eran pasado, podían hacerse leyendas al respecto, al modo de la de Nessy.  

Dos décadas después, esa anécdota nada tiene de leyenda y mucho de presente. Radovan Karadzic. Hoy, culpable de crímenes contra la humanidad, genocidio, como máximo responsable de la masacre de más de 8.000 varones bosniacos del enclave de Srebrenica en el año 1995, propagador del terror sobre la población civil de Sarajevo, ciudad sitiada por sus tropas, el responsable del secuestro de las fuerzas de UNPROFOR, pero también un criminal de doble vida. El hombre más buscado por el Tribunal Penal para la antigua Yugoslavia durante 12 años, el falso doctor Dragan Dabic, un excéntrico abuelo de barba y pelo blanco, que en un piso franco de Belgrado practicaba la medicina alternativa con métodos tan poco ortodoxos como la ingesta de orines, y que tenía como eslogan la máxima de «quién no sabe resolver sus diferencias con el enemigo es prisionero del mismo». Cuando le cazaron en 2008 se definió ante el Tribunal de La Haya como psiquiatra, escritor y un hombre de paz, y se declaró inocente.

La condena de 40 años que esta semana ha escuchado Karadzic nada tienen que ver con esa faceta de hombre de paz, sino con su pasado de Presidente de la autoproclamada República Serbia de Bosnia, más tarde renombrada Republika Srpska, en la que repitió tres mandatos entre 1992 y 1995, y en la que, encarnando la figura de comandante en jefe de las tropas serbobosnias, les mandó cometer las peores de las atrocidades, hechos por los que por cierto, han sido condenadas en grupo a más de 2.000 años.

Durante estos siete años de proceso a Karadzic, las 22.000 pruebas presentadas, las 1.200 grabaciones de vídeo y los más de un millón de folios de sumario, el condenado siempre ha incidido en que no se ha terminado de entender su misión. En una entrevista concedida hace un par de días a Birn, Karadzic decía estar convencido de que iba a ser liberado de todos los cargos, porque nunca hizo nada más que intenar preservar la paz y la convivencia entre las partes en conflicto. Otra cuestión son los métodos que empleó para llevar a cabo esa visionaria idea, cargada de postulados de psiquiatría de “pacificación”.

Cuesta creer que un médico haya sido capaz de perpetrar los actos por los que se le ha juzgado. Un chico de provincia, procedente de una aldea de poco más de siete casas, anclada en la montaña y rodeada por rocas, que no permiten ver más horizonte que un circulo abierto en lo alto del cielo. Un tugurio del que bajó a Sarajevo no sin esfuerzo, y encontró trabajo de psiquiatra en el hospital más reputado de la ciudad. Me contaba una amiga cuyo padre era cirujano en ese mismo centro uno de esos héroes de blanco que se pasó toda la guerra operando a heridos mientras Karadzic los bombardeaba, y murió de un ataque al corazón nada más finalizar el conflicto, que, en una ocasión, Dr. Karadzic, en su alarde de poeta, reunió a todo el equipo médico para recitarles su poesía más reciente, una oda al dado. Desde entonces, los colegas le llamaron Dr. Dado. El burlesco apodo no parece motivo suficiente para masacrar y aterrorizar una ciudad durante casi un lustro, pero quizá sí el hecho de que el doctor y poeta repudiara todo lo que la misma representaba. La multiculturalidad, la concordia y la decisión de no dividirse aunque la arrastrasen a la guerra. El desprecio hacia todo eso le llevó junto a su colega de partido, la profesora de biología, Biljana Plavsic, a urdir todo un plan de aniquilación basado supuestamente en fundamentos científicos, y denominado pérfidamente «limpieza étnica».

Las pretensiones territoriales de Karadzic, que es a lo que se puede reducir el objetivo de limpiar de la faz de la tierra todo aquello que no fuera serbio, han triunfado en parte. Esta semana, mientras una mitad de Bosnia seguía esta noticia con el corazón encogido, el 49% del territorio, que comienza apenas a diez kilómetros de Sarajevo, desplegaba placas conmemorativas con el nombre del criminal y carteles en los que se le veía como el héroe de una nación. En Srebrenica, municipio perteneciente a la Repúblika Srpska, en el conviven víctimas y verdugos, esta semana se han encontrado con la paradoja de que quien fuera el presidente fundador de la misma, es el genocida de los padres, hijos y hermanos de todas esas madres que esperaban escuchar la sentencia ante las puertas del Tribunal.

No hace mucho, Hatidza, una de las supervivientes de la masacre, me comentó que a ella  Karadzic la condenó en vida hace 20 años, cuando él y los suyos le arrebataron lo que más quería, a sus tres hijos. Me comenta que la justicia mundana nunca será suficiente y que espera que le llegue el veredicto en la otra vida.

Mientras tanto, los 40 años que el psiquiatra tendrá que cumplir en este mundo son un hito para la justicia internacional, que aunque lenta, por primera vez desde los procesos de Nuremberg, ha condenado la impunidad, y sin duda, servirá de precedente para procesos futuros contra crímenes de guerra en países como Irak, Afganistán o Siria. Karadzic, a diferencia del ex presidente serbio, Slobodan Milosevic ha escuchado su condena en vida, y pasará a la historia como el autor de los peores crímenes que un ser humano puede ejecutar. Todo un monstruo.

bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
bluebird Comunicación
Artículo anteriorVíctimas somos todos
Artículo siguienteBarrio
Avatar
Con la mirada siempre puesta en el Sur y el Este de Europa. Periodista especializada en los Balcanes y narradora de historias de su gente, humana o inhumana.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.