«Corremos el riesgo de olvidar que lo que provocó la pobreza fue una democracia débil»

La semana pasada recogíamos la última Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística, con unos datos demoledores que reflejaban un estancamiento de la situación de riesgo de pobreza y exclusión social en España, que afecta a más de 13 millones de personas, casi el 30% de la población.

Lo repito: 13 millones de personas (de personas), casi el 30% de la población.

Han pasado unos días y no me he conformado, he intentado buscar más, entender mejor. Y, para ello, nada mejor que echar mano de una experta. En concreto, ha sido revelador hablar con Gaby Jorquera, especialista en exclusión y pobreza y coordinadora de EAPN-Madrid.

¿Cómo es posible haber llegado a esta situación en un supuesto estado del bienestar del llamado primer mundo?

Es posible porque lo hemos permitido. No se llega a estas cifras de golpe; hemos ido cociendo lentamente este guiso, desde hace unas décadas. La dificultad más grande que tenemos para entender el impresionante aumento de la desigualdad social y la pobreza en los últimos años es pensar que ha sido producto de la crisis sistémica que ha afectado a España desde el 2008, y no lo es.

Después de superar la crisis de los años 90, que golpeó duramente a España, se inició una “época dorada”. En los años que siguieron, España parecía un país rico y exitoso, que estaba alcanzando cotas de desarrollo económico y social cada vez más altos. Sin embargo, al tiempo que la marcha de la economía crecía, la pobreza no cedía terreno, la tasa de pobreza se mantuvo alrededor del 20%, y nunca inferior al 19%. Además, la desigualdad aumentó, quebrando la tendencia histórica de reducción de ambos fenómenos, y de acercamiento a los niveles medios de sus vecinos europeos.

El resultado fue que mantuvimos a grandes grupos de población en situaciones de vulnerabilidad, ocultas bajo la ola expansiva, sin desarrollar instrumentos adecuados para recuperar a estos grupos, a excepción de País Vasco. El Estado de Bienestar iba perdiendo, progresivamente, la capacidad real de integración de la población desfavorecida. Una muestra de esto es que se bajaron impuestos, dos veces, lo que es una forma de mimar a la clase media, y no se consolidó la protección social ni se aumentó la proporción de inversión en gasto.

Cuando la crisis económica llegó, el estado no tenía los recursos suficientes para poner en marcha medidas de apoyo a los sectores más vulnerables. En el período de riqueza perdimos la oportunidad de sincronizar los logros económicos y los sociales.

Y con este escenario nos enfrentamos a los efectos de siete años de crisis, que en términos sociales no ha parado, por más que algunos de los indicadores macroeconómicos experimenten alguna mejora. Era lo esperable. En lo que logremos hacer en estos años nos jugaremos la recuperación social de los verdaderos perdedores de la crisis.

Pero… ¿Qué se considera ser pobre?

Eso no es fácil de responder. No se puede hablar de pobreza sin hablar de cómo lo entendemos y cómo lo medimos, y eso pasa por entender quiénes son pobres y quienes no lo son. El término pobreza se refiere a la falta de recursos económicos para acceder a bienes y servicios básicos. En Europa consideramos en riesgo de pobreza a las personas que viven en hogares bajo el umbral de la pobreza, y eso es, para una persona que vive sola, ingresar 8.010 euros o menos, es decir, 667,5 euros mensuales. Para una familia de dos adultos y dos niños, 16.823 euros, es decir, 1401 euros mensuales, o menos. Bajo ese umbral, encontramos situaciones de pobreza mucho más profundas, claro.

Pero la pobreza no sólo tiene que ver con los ingresos que una familia tenga, sino también con las posibilidades de consumo que le permiten esos ingresos. Por eso, a partir de 2010, el indicador europeo para medir la pobreza añade, además de la tasa de pobreza, que hemos descrito antes, a las personas que están en Privación Material Severa (PMS): Se pueden considerar en PMS las personas que viven en hogares que declaran no poder permitirse cuatro de los nueve ítems seleccionados a nivel europeo:

  1. Pagar el alquiler o una letra
  2. Mantener la casa a una temperatura adecuada.
  3. Afrontar gastos imprevistos.
  4. Una comida de carne, pollo o pescado (o sus equivalentes vegetarianos) al menos tres veces por semana.
  5. Pagar unas vacaciones al menos una semana al año.
  6. Un coche.
  7. Una lavadora.
  8. Un televisor en color.
  9. Un teléfono (fijo o móvil).

Y también a aquellas personas que vivan en hogares con baja intensidad de trabajo, por la importancia que tiene el empleo para la inclusión. Si una persona está en cualquiera de esas tres situaciones, consideramos que está en riesgo de pobreza y/o exclusión social (que es el indicador AROPE)

¿Creéis que los ciudadanos estamos concienciados de este drama social o, como con tantas cosas, preferimos mirar hacia otro lado?

Para una parte importante de la sociedad, la pobreza no es un asunto importante. No por mala voluntad o maldad, sino porque no es parte de su realidad cotidiana: no se lo acaban de creer, ven las cifras de pobreza y parece demasiado, y ellos no ven a tantas personas pobres a su alrededor.

Aquí hay dos factores: nuestras ciudades segregan cada vez más a las personas por rentas, los barrios donde conviven distintas realidades están disminuyendo. Cada vez más, quienes se encuentran en situación precaria viven en entornos empobrecidos, y los que están en una situación halagüeña viven en entornos acomodados.

Hay otro factor muy importante: una cosa es ver a personas en situación de pobreza, y otra muy distinta es reconocerlo como tal. ¿Los vemos? Claro. ¿Los identificamos como tales? Claro que no. No hay una forma física característica, la pobreza no es un distintivo, a quien vive en ella no se le nota. Reconocemos a quienes responden al estereotipo, a los que coinciden con la imagen previa que tenemos. A los demás no los percibimos como personas pobres, porque no nos lo parecen.

Probablemente nos crucemos con alguno de los 13 millones de personas que están en riesgo de pobreza y exclusión en España a diario. Con trabajadores que mantienen una familia de tres personas con 900 euros. Así es cómo viven, por ejemplo, quienes toman el pedido en el lugar de comida rápida al que vamos el fin de semana, o quien se sienta a nuestro lado en el metro. No los reconocemos, y no es necesario que lo hagamos, lo que importa es saber y reconocer que existen. Quienes viven en riesgo de pobreza viven también con riesgo de invisibilidad y, al parecer, no bastan los datos para romperla.

¿Hay algún tipo de explicación a este «pasotismo»?

Dice Hans Rossling que quien cuenta con mucho dinero mira «hacia abajo» y ve a una sociedad uniforme; todos parecen iguales, como si todos vivieran con la misma cantidad de dinero. Pero para quien mira la sociedad sin tener ingresos, o teniendo pocos, sabe muy, pero que muy bien, cómo sería la vida si pudieran saltar al siguiente escalafón, si pudieran ganar tan sólo un poco más. Y esta es una diferencia inmensa. Las personas más pobres viven con la descarnada consciencia de su situación. Las personas que acumulan muchos recursos viven en la descarnada inconsciencia de cómo es la vida de los más pobres.

Gaby Jorquera
Fotografía: M. Sergio López Conde ©

¿Cómo está, a grandes rasgos, la situación en el resto de Europa?

España está dentro de los países con tasas más altas de riesgo de pobreza y exclusión social en Europa, por detrás de Bulgaria, Rumania, Letonia, Grecia, y también de los que más han aumentado a su población en riesgo desde 2008. En cuanto a la desigualdad, nos situamos en el segundo puesto de la UE-15 y en el Top 10 de la UE-27. Es una situación insostenible. Según los datos de Eurostat, casi 125 millones de personas viven en Europa en riesgo de pobreza y exclusión social. Aquí también observamos cómo los países del sur y el este de la UE acumulan las mayores tasas, lo que genera una Europa de dos velocidades, que se manifiesta, por ejemplo, en la gestión de las crisis a nivel comunitario (por ejemplo la crisis migratoria y de refugiados).

Mientras no se avance en la construcción de una Europa realmente social y solidaria, seguiremos ahondando en la herida de la pobreza y la desigualdad, lo que repercute, irremediablemente, en el cuestionamiento de la pertenencia a la UE de numerosos estados. Es tiempo de que se toman medidas a nivel político. Desde EAPN Europa estamos trabajando para la adopción de medidas políticas (como rentas mínimas dignas en todos los países de la UE) que permitan avanzar en la lucha contra la pobreza a nivel global. Sin embargo, observamos que las prioridades políticas van por otro camino, más centradas en la dimensión económica y financiera de la UE.

En el conjunto de la Unión Europea, cerca de 50,5 millones o el 24,4% de personas de entre 20 y 64 años que vive en las ciudades de la UE está en riesgo de caer en la pobreza o la exclusión social, al igual que 37,4 millones que vive en zonas rurales (el 27,1%). Son cifras sencillamente inasumibles por un proyecto que se considera social y de defensa del Estado de bienestar.

Explicabáis desde EAPN la semana pasada que en períodos de crisis aumenta significativamente la tasa de pobreza, mientras que en los períodos de recuperación, se produce una «estabilización» de los porcentajes, sin bajadas significativas en el número de personas que viven en situación de vulnerabilidad social. ¿Significa esto que muchos, o la mayoría, no saldrán de la pobreza una vez que lleguen los malditos brotes verdes, de los que muchos se jactan?

Es muy probable. Nada indica que la situación va a cambiar el rumbo que ha seguido durante las últimas décadas. Lo peor de la crisis se lo han llevado quienes ya eran pobres, o que durante los años de bonanza entraban y salían de la pobreza, quienes eran vulnerables antes, y que nunca alcanzaron los brotes verdes, ni las cosechas. Jóvenes, parados de larga duración, trabajadores con contratos precarios, y temporales, con bajos salarios, que se fueron al paro sin tener derecho a las prestaciones contributivas, o que ya estaban cobrando subsidio de desempleo y que agotaron las prestaciones en plena crisis, haciendo vanos intentos de encontrar un trabajo cuando se destruía empleo a ritmo desenfrenado.

Con la mejora económica corremos el riesgo de hacer lo de antes; de olvidar a los más vulnerables, y olvidar que lo que provocó su pobreza fueron leyes hipotecarias injustas, desempleo masivo, precariedad, recortes sociales, una democracia débil y una desigualdad intolerable. No han sido causas personales, no fue su culpa, pero cuando el canto de sirena de la recuperación económica comience, les hará responsables a título individual.

Precisamente esta semana se han vuelto a hacer públicas encuestas de intención de voto, en las que vemos cómo las elecciones volverían a ganarlas los mismos, los que han provocado esta situación de alarma social… ¿Qué lectura hacéis de ello?

EAPN es una organización política. Apartidista pero política. Nuestro trabajo es situar la lucha contra la pobreza y la exclusión en el centro de la agenda. Desde nuestra organización trabajamos intensamente con todos los partidos políticos a nivel europeo, nacional, autonómico y local sin distinción, para que incluyan dentro de sus programas electorales propuestas concretas que contribuyan a ser más efectivos en la lucha contra la pobreza y la exclusión social. La defensa de un sistema de rentas mínimas adecuadas en todo el Estado, un empleo de calidad que contribuya a salir de la exclusión a millones de personas, una ley de segunda oportunidad para hacer frente al problema de la vivienda son sólo algunas de estas propuestas, que esperamos formen parte de la próxima agenda política. La ciudadanía es libre de elegir entre un partido u otro, pero queremos que al menos todos cumplan unos mínimos comunes, con los que es imposible no estar de acuerdo, que nos permitan avanzar en el bienestar humano de la población en nuestro país.

Sabemos que EAPN ha trasladado a los partidos políticos que concurren a las elecciones una serie de propuestas, cuyo fin es adoptar un Pacto Contra la Pobreza. ¿En qué consisten?

La pobreza debería ser una prioridad política, y no lo está siendo hasta ahora. Pero puede serlo. Creemos que la cita del 26 de junio puede ser una excelente ocasión para demostrar que realmente existe una voluntad política compartida de asumir el reto de reducir significativamente la pobreza, la exclusión y la desigualdad por parte de los partidos políticos que aspiran a formar gobierno. Con el Pacto contra la Pobreza, pretendemos que todos los actores políticos, económicos y sociales, asuman el compromiso de reducir las graves desigualdades existentes y a mejorar el bienestar de más de 13 millones de personas que actualmente están en riesgo de pobreza y exclusión.

Las medidas más concretas que proponemos las podéis ver aquí.

bluebird Comunicación
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