Excálibur, ellos eran los animales

Hace unos días pasé un fin de semana con una perrilla encantadora. No os podéis hacer una idea de lo que llegué a querer a ese pequeño animalito. Te das cuenta de que ellos ven el fondo de las personas, ven tu bondad o ausencia de ella. Si lo que ven les gusta te ofrecen su amor incondicional, por mucho que metas la pata en esa relación animal-animal, siempre te harán sentir ese amor.

Ese bichejo se llamaba Paris y si alguien me hubiera dicho que la iba a hacer daño, juro que no sé qué habría hecho para evitar ese sufrimiento a ella y a su mamá. Sin importarme la especie de animal que quisiera hacerle daño, para mí es más importante ella que muchas de las personas que conozco.

Hace unos días contrajo el ébola Teresa, una enfermera que vivía con Excálibur, un perro al que no conozco, pero alguien lo ama del mismo modo que yo he llegado a amar a la Paris. Alguien decidió acabar con su vida sin motivo alguno más allá del “a lo mejor”, “no sé pero puede ser” o “limpiemos la imagen de nuestra cagada asesinando a un perro y mostrando a la sociedad que no correremos ningún riesgo”. Era curiosa la imagen que quería dar la clase política de este país a la que parecía interesarle mucho más una especie de animal (la humana) por encima de cualquier otra, después de haber hecho chapuzas que jugaban con la salud de los humanos por ahorrarse dinero. Todo tenía un aspecto muy falso.

Después de protestar por el asesinato de Excálibur in situ (antes y después de su asesinato), en redes sociales y de todas las formas que se me ocurría, mi Facebook se llenó de un artículo que escribía alguien que no conozco y venía a decir: “Es curioso cómo protesta la gente por la muerte de un perro cuando hay miles de niños muriendo en África”. Esa frase me sonó a lo mismo que decir: “es curioso cómo la gente protesta porque en EEUU cualquier persona pueda llevar pistola cuando existen bombas atómicas”. Todo esto, desde el punto de vista de alguien que considera a un perro un especie mucho inferior a un humano. Me gustaría aclarar que esa no es mi visión.

He de decir que yo he estado protestando contra las concertinas, protesté por el ébola mucho antes de que llegara a España y que incluso hubiera una mínima posibilidad de que llegara a nuestro país. Y en infinidad de ocasiones he protestado porque el mundo entero permita que África se convierta en el gran vertedero del mundo y, en consecuencia, un foco de infección mundial.

En mi caso la protesta la llevo a cabo por los derechos de animales (humanos o no) africanos. Pero hasta desde el punto de vista de personas que consideren al humano occidental superior al humano africano, nadie en su sano juicio dejaría que se le infecte una parte de su cuerpo, porque la considera menos importante. Me gustaría saber cuanta de la gente que ha publicado el artículo (incluso su escritor) en el que se ponía por delante a los niños africanos antes que a Excálibur, ha protestado por el ébola antes de que llegase a España, ha protestado por los derechos de esos niños africanos o ha defendido los derechos de animales (humanos o no) que no estén en su casa. Con esto quiero decir, que el hecho de protestar por algo no quiere decir que todo lo demás te dé igual, se puede protestar por más de una cosa incluso a la vez.

Desde mi punto de vista, discriminar una especie respecto a otra tiene un peligro similar. Históricamente hemos visto a los cristianos lanzados a leones (porque ellos eran los animales); hemos visto a los judíos en campos de concentración (porque ellos eran los animales); hemos visto a personas de raza negra esclavizados (porque ellos eran los animales). Y estos son solo los casos que me vienen a la cabeza sin pensarlo.

Me repugna, y aquí sí que voy a ser un poco duro, una característica muy propia del ser humano. En cuanto no le afecta al individuo en concreto, se olvida de las barrabasadas que se han cometido contra ellos mismos anteriormente. Cuando los cristianos eran lanzados a los leones, estos no defendían ni la cultura ni las tradiciones, ahora masacran animales apoyándose en estas mismas razones.

El peligro que tiene discriminar una especie respecto a otra, es que ya estás trazando una línea que separa a los que tienen más derechos y a los que tienen menos. Si eso lo haces tú mismo, no puedes protestar porque otras personas la tracen en un lugar distinto. Además, hay peligro de que esa línea se movilice por sí misma y la línea que tú trazaste con las ideas muy claras, cuando vuelvas a mirarla se habrá desplazado de lugar como una boya en el mar.

De este modo permitimos que en una valla fronteriza haya cuchillas que hieran gravemente a la gente o incluso la maten, sólo porque nos queremos ahorrar el coste de poner un ‘control’ en condiciones. Y no lo vemos como lo que es, algo verdaderamente atroz, y apartamos la vista para no sentirnos tan mal buscando justificaciones absurdas como que no hay otra solución. Este caso por poner algo que nos atañe a nosotros, pero cuantas culturas conocemos que consideran a la mujer inferior al hombre o que discriminan los derechos de las personas según su religión, sus características físicas o sus características mentales.

Sería muy prepotente pensar que sólo nosotros podemos trazar una línea que separa a los que tienen derechos de los que no, y que unicamente nosotros lo hemos hecho en el lugar adecuado y aquel que la trace en un lugar distinto está equivocado. Los animales sufren el dolor, sufren las perdidas igual o más que las personas. Si nosotros (en teoría avanzados) tratamos a los animales como objetos, ¿quién es más animal? El que ama y respeta o el ser humano que masacra, asesina y tortura a otras especies. Si queremos construir un mundo justo, debemos empezar por nuestra propia casa y cuando ya la tengamos limpia y en orden, podremos mirar al resto de vecinos desde una posición elevada.

bluebird Comunicación
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