“Falta que la rabia se convierta en proyecto de futuro”

Diputada de Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid, Tania Sánchez es de esas políticas que tienen las cosas claras. Y así lo demuestra en esta entrevista con Murray Magazine. Pero también tiene algo que la diferencia: ilusiona. Y eso no es fácil en estos tiempos.

Se recuerdan pocos años tan convulsos políticamente como 2014 en España. ¿Hacia dónde vamos?

Como siempre en política, depende de la correlación de fuerzas. El régimen del 78 sufre una profunda crisis. Y en la salida de esa crisis, si las fuerzas mayoritarias son las que respaldan al régimen –es decir, al bipartidismo–, se dará una reforma por arriba  que nos conducirá a una sociedad en la que más de un tercio de la población tendrá serias dificultades para ejercer sus derechos fundamentales; si las fuerzas que se vienen expresando en las plazas desde 2011, denunciando que esta democracia no está a la altura de su pueblo, somos mayorías, se dará una salida popular que transformará profundamente este país. En las transformaciones profundas es difícil definir cual será el punto final, pero, sin duda, será una sociedad con una población más consciente de sus derechos y que garantizará más justicia en el reparto de la riqueza, más protagonismo ciudadano, más democracia, en definitiva.

Cambio de Rey, las mismas caras, todo pactado… ¿Se ha convertido reírse de los ciudadanos en Marca España?

Jejejeje… Parece que la marca España es que se den en el extranjero los debates que no se permiten en tierra patria. Toda la prensa internacional denunció la pérdida de credibilidad de la monarquía española por la corrupción evidente de sus miembros, y toda la prensa internacional ha visto el cambio de rey como una operación de marketing. Por desgracia, los medios españoles han cerrado filas con un discurso de regeneración profunda que tiene poca traducción en la vida de la gente… Así es la cultura heredada de la transición: una democracia que huye del conflicto, cuando la democracia está basada precisamente en la confrontación de ideas y proyectos. Anularla es algo extraño. En todo caso, la verdadera marca España desde 2011 es la movilización social permanente, y la ciudadanía ocupando las calles haciendo visibles los conflictos que otros se empeñan en ocultar incluso con la fuerza.

Aun así se notan aires de cambio: el efecto ‘Podemos’, Izquierda Unida continúa creciendo… ¿Qué falta para dar un giro completo a la situación?

Falta que la rabia se convierta en proyecto de futuro, falta unidad en la discrepancia, falta cambiar la cultura política en la vida cotidiana de la gente, falta creernos capaces de hacerlo. Falta ser plenamente conscientes de que, si somos capaces de soñar un país mejor, seremos capaces de conquistarlo.

Esos pasos no llegarán de golpe. Son procesos que se construyen, y en mi opinión vamos por el buen camino y llegaremos lejos, sin duda. Para mí desde el 27M es evidente que este país está cambiando y lo está haciendo para bien.

En relativamente poco tiempo habrá elecciones municipales, varias autonómicas y generales. ¿Hay esperanza?

En Madrid «Esperanza» es un mal nombre. Hay ilusión, hay convencimiento, habrá cambio.

Se empieza a hablar de un Congreso de los Diputados a la italiana. ¿Cómo te imaginas el panorama después de las próximas elecciones generales?

Es muy difícil imaginar el resultado de unas elecciones que ni tan siquiera está claro cuándo se van a convocar. Puedo hablarte de lo que deseo, y en lo que desde mi humilde capacidad me voy a empeñar: deseo que sean unas elecciones de la gente, que haya mucha movilización y mucha implicación de quienes nunca han participado en política porque haya un proyecto que genere la ilusión del cambio que arrastre a la ciudadanía a las calles para empoderarse del proceso. Porque así tendremos la garantía no sólo de la victoria electoral, sino del cambio de cultura política que lo lleve a buen término.

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Foto: Carlos Rosillo.

Cambiemos de tema: Madrid. Nos duele Madrid. ¿Tiene solución?

¿A quién le duele Madrid? A mí Madrid me enamora cada día. No hay otro sitio como Madrid ni otra gente como la de Madrid, sobre todo porque en Madrid todos y todas somos de aquí porque nadie lo es de verdad. Aunque yo sea gata, eso no me hace tener más derechos que otros. Madrid es el espejo de lo que es este país: plural, alegre, solidario, activo, creativo. Lo que nos duele es un partido que ha querido negar lo que es Madrid y negar lo que es este país, y ha querido imponer un pensamiento único; lo que duele es que hasta ahora no les hayamos parados los pies. Pero se ha acabado. Madrid enamora porque será Madrid la tumba de este modelo de España en el que sólo unos pocos tienen derechos, y será Madrid el lecho de renacimiento del país que siempre ha sido: plural, solidario, creativo y alegre.

Se está convirtiendo en la capital europea del ridículo político. Lo último ha sido BiciMad…

Son ridículos sus gobernantes, y hacen el ridículo cada día, pero sus gentes son, han sido y serán capital de la dignidad. Lo fueron el 15M, en la marea verde, al parar la privatización sanitaria, el 22M.. en fin… El Madrid que ha salido del armario a las calles ya no se va a esconder más, y lo rematará cambiando a unos gobernantes indignos de su población.

Sé sincera… ¿Resistirías cuatro años más con Ana Botella e Ignacio González?

Eso no va a pasar.

¿Y a tu partido, Izquierda Unida? ¿Crees que llega el momento de la verdad para vuestra formación? ¿Es la hora de gobernar?

Que IU no es un partido de gobierno es otro de los mantras que se ha impuesto en el debate falseado en los medios, y es mentira. IU ha ejercido el gobierno y el cogobierno en cientos de municipios de este país, y en algunas comunidades autónomas. Yo misma vengo de una ciudad gobernada por IU desde 1991, gobierno del que he sido parte. Cuando IU gobierna siempre marca la diferencia, y siempre demuestra que, a pesar de lo constreñido de las reglas impuestas por otros, mejorar las condiciones de vida de la gente es una decisión política que, como tal, depende de la voluntad política. Y nosotros siempre hemos sido del optimismo de la voluntad más que del pesimismo de la razón. Pero sin duda tenemos la obligación de estar a la altura del momento histórico, y eso implica saber que lo prioritario es contribuir al cambio profundo del país, con generosidad y sin complejos. Aportando lo que somos, que es motivo de orgullo, pero sabiendo que tenemos que ser muchos más.

¿Llegará la hora de una gran coalición de izquierdas en España?

Creo que es momento de una gran coalición popular, en la que el eje sea democratizar la democracia para garantizar que el poder político no está sometido al poder económico. Si somos capaces de conseguir que la mayoría social que sufre la crisis siente esa coalición como suya, habremos ganado.

¿Hay motivos para ilusionarse con las nuevas generaciones de políticos?

Para mí hay un claro eje de ruptura generacional en la crisis política e institucional que vive el país, que es una crisis como la que definía Ortega. Quienes nacimos a la vez que la constitución no estamos sometidos a los miedos de las generaciones anteriores, que permitieron que la victoria del pensamiento único se contara como un amplio consenso. Y como ya no tenemos miedo, no nos vale la cultura política del no problema, del no conflicto. Queremos cuestionar lo que no funciona y ejercer el derecho democrático de cambiar las reglas que ya no nos sirven para garantizar el bienestar colectivo. Eso es lo esperanzador, que hay una generación sin miedo, no sólo en la política: es una generación que opera en todos los campos de la sociedad, y por eso es posible imaginar un cambio.

¿Cómo es una tertulia política televisiva por dentro? ¿Cuánto hay de ficción y cuánto de realidad?

Depende de la tertulia: unas son más reales que otras. Pero la mayoría de la gente mantiene una educación y un respeto sin los que no es posible el debate. Aquellos que pasan ciertos límites del respeto a veces también tratan de hacer como que no son importantes esas actitudes fuera de cámara, pero yo, personalmente, si alguien me llama «estalinista» en directo no le puedo tratar de amigo posteriormente. Yo no tengo dos caras; quienes las tengan que lo expliquen.

¿Qué le dirías a toda esa gente que piensa que Eduardo Inda, Alfonso Rojo y Marhuenda no pueden ser así?

Son tres personas distintas, que merecen un trato distinto. Marhuenda es heredero de esa generación de la derecha que se ha acostumbrado a que puede hacer lo que quiera y que el resto debe someterse a sus normas estrictas. Yo eso lo hablé con él después de nuestro famoso encontronazo, y quedó claro que, si él le faltaba el respeto a mi organización o mí misma, no podía pedirme respeto a mí hacia su persona. Pero es evidente que él representa la posición de cierta gente y la pelea para satisfacer a esa gente. Claramente, a quien está en la posición contraria le enerva, pero como le enervan a mucho votante del PP las cosas que yo digo.

Los otros dos creo que por sus actitudes y sus opiniones se califican así mismos, política, profesional y personalmente, por lo que me voy ahorrar decir nada más de ellos.

Al hilo de los programas de televisión, en los últimos tiempos hemos visto demasiados casos de comportamientos machistas en muchos de estos tertulianos. ¿Qué solución tiene esto?

Transformar la sociedad. Por suerte, cada vez que sucede esto, hay más gente en las redes sociales y en los medios que lo señalan como lo que es. Estamos en el buen camino.

Y ya acabamos: ¿A qué se pueden agarrar los ciudadanos para pensar que todo esto se va a arreglar?

A la ilusión colectiva, a su experiencia en las movilizaciones, al sueño de un país mejor. La ciudadanía arreglará esto porque nos agarraremos entre todos y haremos una amplia red que sustente el cambio.

La imagen es de Mariano Neyra Rimer ©

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