El resurgimiento de Somalia

“Ahora mismo la paz es mucho más rentable que la guerra; y yo soy un hombre de negocios que se debe a su país”, afirma en con tono burlón Yusuf Mohammed Siad. “Mogadiscio es hoy una ciudad segura tras la marcha de Al Shabab (la marca de Al Qaeda en el cuerno de África) y eso ha hecho que inversores extranjeros vengan a Somalia; al igual que la diáspora que está invirtiendo muchísimo dinero en el país. Esa es la clave del éxito de esta nueva Somalia. Y a mí me encanta el dinero”, comenta antes de hacer una nueva pausa durante la entrevista para contestar el teléfono.

Este orondo hombre, que durante toda la entrevista porta una pistola 9mm debajo de la axila, nos recibe en su casa donde vive enclaustrado y vigilado por su milicia; y es que su cabeza vale mucho dinero. “Tengo varios agujeros de bala en mi cuerpo y me han intentado matar más de 10 veces”, se enorgullece tras colgar el móvil. Conocido popularmente como Inda’Ade (Ojos blancos) representa el estereotipo de señor de la guerra somalí: corrupto, cínico y con visión para los negocios.

Inda’Ade estuvo al lado de Siad Barré (el dictador que gobernó Somalia desde 1969 hasta 1991), le traicionó, apoyó a los rebeldes, luego a los islamistas, a al Shabab, a la Unión Africana y en la actualidad al gobierno de Hassan Sheik Mohamud (elegido presidente en 2012). “La vida tiene cambios y yo sé el momento de elegir esos cambios para no quedarme con los perdedores. Ahora Somalia ha vuelto a cambiar y yo con ella”, finaliza.

 

Este cínico y corrupto señor de la guerra tiene razón. Somalia ha cambiado. Lejos quedan aquellas imágenes de combates en las calles de Mogadiscio. De milicianos e islamistas luchando contra los soldados de la Unión Africana. De Al Shabab ejecutando públicamente a opositores y detractores. La vida vuelve a fluir por las calles de la capital del país. Tiempos de esperanza y de cambio. Tiempos para volver a soñar con la grandeza de un país que, al igual que alguno de sus edificios más emblemáticos, ha sido carcomido por más de dos décadas de guerra civil. “El país ha mejorado considerablemente en los últimos dos años. Somalia tiene una oportunidad inmejorable para salir del agujero en el que se encuentra desde 1991”, afirma a esta revista Nicholas Kay, enviado especial de la ONU en Somalia.

“La esperanza se respira en la calle  después de 23 años de guerra ininterrumpida, la gente está cansada de tanta muerte y destrucción y quieren volver a aquel periodo de paz que precedió a la guerra del 91”, finaliza.

Esperanza. Esa es la palabra que más se repite en boca de los somalíes. Esperanza es el sentimiento que se refleja en cada uno de ellos. Esperanza y paz. “Vienen hombres de negocios todos las semanas a Mogadiscio. El dinero comienza a fluir. Abren pequeñas tiendas. Empresarios de Dubai, Turquía, Qatar y Reino Unido vienen a Somalia a invertir. Se ve un crecimiento imparable y eso cuaja en la población civil que se han posicionado contra Al Shabab. Son ellos, y no las tropas de la Unión Africana, quienes expulsaron a los radicales islámicos de las calles de Mogadisico”, apunta el coronel de la Unión Africana Ali Aden. Pero a pesar de la confianza que tiene puesta en el futuro, este uniformado de Djibouti cree que las tropas internacionales permanecerán en Somalia hasta, por lo menos, 2020.

Naima regresa a Mogadiscio, junto con su madre, después de más de 20 años de ausencia. Huyó a Canadá a finales  de 1991 y desde entonces no ha vuelto a poner un pie en su país. Esta empresaria tiene diversos negocios en Nairobi (Kenia) viaja desde la capital keniata en un vuelo de East Africa el aeropuerto de Mogadiscio tiene conexiones aéreas diarias con Kenia y semanales con Turquía y diversos países africanos. “Es hora de volver a casa y ayudar a Somalia a que vuelva a recuperar su esplendor de antaño”, comenta la mujer cuyo hermano está construyendo en Mogadiscio el primer centro comercial del país.

Y es que la diáspora se ha convertido en una de las principales bazas del país para recuperar la esperanza y la ilusión en el futuro. “El flujo de capital procedente de la diáspora está siendo vital para la estabilidad y el crecimiento del país. Sólo el año pasado se invirtieron cerca de dos mil millones de dólares procedentes de la diáspora y esperamos que esta tendencia siga al alza”, afirma Abdullahi Godah Barre, ministro de interior. “Somalia se encuentra en el año de la estabilización y de la recuperación. Esto es vital para que volvamos a ser un país”, sentencia el político.

Las vistas desde el restaurante Liido Seaffod a la playa son inmejorables, aunque su cocina deje un tanto que desear. El local está lleno de somalíes de clase alta comiendo, bebiendo y fumando narguile. Reabierto en agosto de 2012 tuvo que cerrar por la intensidad de los combates y es que para ver la voracidad de la guerra solo hay que mirar a los edificios colindantes que están hechos pedazos. “Con la mejora de la seguridad, la diáspora regresó al país y con ello sus dólares. Ese fue el momento para reabrir el restaurante había estado más de 10 años cerrado”, comenta Abderahim Mohammad Wli, dueño del restaurante. “Desde hace dos años Somalia es otro país completamente diferente. Ahora la gente puede venir a bañarse a la playa sin temor a los combates. Puede pasear y disfrutar del país”, añade este empresario que afirma que sus clientes se han quedado en el restaurante hasta bien entrada la madrugada, algo impensable hace unos años.

Otro de los indicadores del cambio se encuentra en el puerto de Mogadiscio. Si de un tiempo a esta parte Somalia era noticia en el mundo era por sus famosos piratas. Y es que desde que en abril de 2005 se produjese el primer ataque contra un barco. Un total de 194 barcos han sido secuestrados y 3,741 tripulantes retenidos. Pero lejos quedan ya los tiempos de gloria de estos modernos piratas que armados con lánguidos AK-47 asaltaban superpetroleros de cientos de millones de euros. En 2013 solo se registraron un total de nueve ataques y la tendencia continúa a la baja. “La culpa la tienen los barcos de la OTAN que disparan contra los piratas. Muchos creen que no merece la pena jugarse la vida y han dejado de dedicarse a la piratería”, afirma Yusuf Hasan, un pescador local. “Ya no les resulta tan fácil como antes. Ahora los barcos llevan seguridad privada y mejor armamento. Es un suicidio pretender asaltar un barco”, sentencia.

Esto ha obligado a muchos piratas a recuperar su antiguo oficio de pescadores. Con un total de 100 embarcaciones y más de 600 marineros, el puerto de Mogadiscio jamás ha visto tal cantidad de pescadores. “Trabajo en este puerto desde hace más de dos década y jamás había visto tal cantidad de barcos y de pescadores”, confiesa Mohammad Muhudin Hassan, representante del ministerio de pesca y agricultura en el puerto. Según las estimaciones del gobierno de Somalia, solo el 30% de los piratas continúan en el ‘oficio’ el resto ha desistido. En su mayoría procedentes de la región semiautónoma de Himan y Heeb, y de Putlandia.

La recuperación económica del país se ve en cada calle. En cada esquina. Aunque la pobreza y las heridas de la guerra siguen abiertas y muy presentes. Compañías de taxi. Policías de tráfico. ¡Y hasta un semáforo! “El primero que tenemos en 20 años”, comentan los lugareños. Son pequeños trazos en un país que quiere olvidar su pasado de muerte y mirar al futuro con esperanza.

bluebird Comunicación
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