El desclavador que me descalatrave buen descalatravador será

Cualquier noticia judicial en Valencia me interesa. He trabajado varios años allí, y al fin y al cabo son los juzgados que más conozco (incluso a sus funcionarios).

Si el demandante es Santiago Calatrava, mi interés va en aumento exponencialmente.

Pero si encima la dirección letrada de los demandados la lleva el despacho para el que he trabajado varios años y en el que he aprendido prácticamente todo lo que sé de Derecho, mi interés ya es superlativo.

Por eso desde que saltó a la prensa el caso de calatrava-te-la-clava, se convirtió en irresistible para mí

¿Qué es el caso de calatrava-te-la-clava?

Por ahí debería haber empezado. Más si sabemos que Santiago Calatrava, prestigiosísimo arquitecto,  tiene muchos casos, judiciales y extrajudiciales, por sus obras  y sus cosas, las realizadas e incluso las que NO. Es un caso ya en sí.

Esquerra Unida del País Valenciá, viendo los resultados ruinosos de las obras de este arquitecto, abrió una página web bajo el dominio calatravatelaclava.com. En la misma se publicaban los precios de las licitaciones a favor de este señor, resultados de sus obras, proyectos por los que se pagaron cifras astronómicas y no pasaron ni de la maqueta… Transparencia con humor.

El señor Calatrava se sintió lesionado en su derecho al honor e interpuso demanda, ya que consideraba que por esa página había perdido una licitación en Brasil, además del correspondiente perjuicio moral que se le había causado al conculcar su derecho al honor, así que baremó la indemnización correspondiente en 600.000 euros (#seiscientosmil#).

Tuve la suerte de poder conocer la sentencia casi a la vez que los medios, y valorarla antes de leer las visiones, más o menos acertadas, que se sucederían en los días siguientes.

Es una buena sentencia, las cosas como son. Reconoce efectivamente, que el contenido de la página se encuentra dentro de los límites de la libertad de expresión, en tanto que publica hechos notorios, sólo facilita su acceso al centralizar la información en una sola página. Un ejercicio de transparencia en favor del interés general.

Pero a su vez obliga al cambio de dominio y a una indemnización de 30.000 euros (#treintamil#): considera que el nombre del dominio sí tiene un ánimo vejatorio que conculca el derecho al honor del señor Calatrava. Ánimo que procede de la partícula “la”, ya que sin esa partícula simplemente se podría haber entendido “Calatrava te  clava”, en el sentido económico de la expresión, pero la presencia de la misma añade un carácter que atenta contra la dignidad del Señor (Como dice la revista El Jueves en su último número: “¿no podían haberla titulado Calatravanosintroducelmiembroconmuchocariñoydesdeelrespetomásabosulto.com”. Pues eso).

También es curioso, leer en la sentencia que se refiere a la cantidad de 30.000 euros con el término de “indemnización simbólica”, hombre, simbólica lo que se dice simbólica…

¿Y ahora qué?

Sabiendo la política del letrado de EUPV, que nunca se da vencido cuando  cree firmemente en algo, puedo intuir que  mantendrá su postura argumental, y llegando hasta donde haga falta.

En la medida en que la expresión que se considera injuriosa, de manera aislada sí que puede tener esa consideración, pero puesta en contexto social y en el contenido mismo de la página, entra también dentro de los límites de la libertad de expresión, puesto que se refiere a las denuncias sociales que realiza la página. Ya que se tratan de denunciar los desmanes  políticos en relación con el trabajo de este arquitecto, especialmente clamorosos en la Comunidad Valenciana.

Echando un vistazo en las redes sociales, en seguida se hace palpable el rechazo social a la sentencia, que vuelve a sentir que la justicia en lugar de perseguir las barbaridades de la élite, hace pagar al que denuncia los desmanes de unos y otros. Lo cierto es que jurídicamente es más complejo que todo eso. Pero precisamente por eso, mientras todo esto pasa, Esquerra continúa con su labor social y mudan el contenido a calatravanonoscalla.com. Nueva denominación que responde a la demanda multimillonaria que interpone el arquitecto y donde solicita también el cierre de la página, y que puede interpretarse como un intento claro de callar a Esquerra y cualquier voz que se atreva a publicar información sobre obras ruinosas.

Sin duda el inmediato cambio de nombre, sin ser aún firme la sentencia, y a la espera, de las más que probables, apelaciones de las partes, demuestra que no se pretende lesionar a nadie, como el anterior dominio tampoco lo hacía. Es un ejercicio de transparencia, de informar al ciudadano dónde y cómo acaban algunas veces sus impuestos.

Hasta ahí el caso.

Pero a mí me quedan muchas preguntas

¿Es que hay honores que valen más que otros?,  ¿la indemnización se calcula en función del tamaño del ego de cada uno?

¿Dónde empieza y acaba la libertad de expresión? (no trate de responder a esta pregunta, está tan manida que cualquier intento puede acabar en tragedia), ¿por qué en esta pacífica democracia en los últimos meses se están viendo persecuciones en la Red relativas a libertad de expresión?

¿Qué prima: transparencia u honor?

La imagen es de Shutterstock

bluebird Comunicación
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