El convoy averiado

Al menos 64.000 sirios se encuentran hacinados actualmente en la frontera desértica entre Siria y Jordania. Ahmed y su hija de 4 años hicieron la travesía con las heridas recientes de una guerra que va camino de llegar al medio millón de muertos.  

Atrás tenía que quedar el infierno en que se convirtió Siria, pero para Ahmed (nombre ficticio) y su hija pequeña, la pesadilla aún tenía que comenzar. Ambos fueron alcanzados por el estallido de una bomba cerca del mercado en Idlib donde iban a comprar. «Mucha gente murió, también niños», recuerda ahora este repartidor de hortalizas de 30 años originario de Homs, que cree que el explosivo fue lanzado por el régimen sirio.  

Debido a una desdichada avería, el convoy que tenía que haber llevado a su familia junto con 40 personas más hacia la frontera desértica con Jordania se retrasó diez días, tiempo suficiente para que la metralla del mortero cruzara la pierna del padre de un lado a otro, y a la hija de cuatro años le atravesara el estómago, desde la espalda hasta la barriga.

Aún así, no había tiempo para lamentos. Tenían que escapar. Llegados a la frontera, «lo más duro fue dormir al aire libre», cuenta Ahmed, que permaneció 40 días en la berma —como se llama coloquialmente a la zona limítrofe— hasta ser ubicado en el campo de refugiados de Azraq, donde son trasladados la mayor parte de los sirios que entran en Jordania. A pesar de que en la frontera había médicos que le atendían las heridas, Ahmed no olvida el tiempo y las circunstancias que pasó en aquella tierra de nadie.

Silencio en la frontera sirio-jordana

Cuando Ahmed llegó al campamento de Azraq, escuchó a través de otros sirios cómo el número de refugiados en la frontera iba aumentando a medida que se agravaban los bombardeos en su país. Corría finales del verano de 2015 y, desde entonces, la cifra no ha dejado de subir estrepitosamente. Algunos de ellos llevan seis meses esperando. Aunque consigan cruzar legalmente, saben que cualquier problema que ocasionen en el que se vean involucrados puede provocar que el gobierno jordano decida deportarlos hacia Siria de nuevo, como ha pasado con muchos otros sirios refugiados en Jordania.

Si el noviembre pasado ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, calculaba que había 4.000 sirios esperando en la zona lindante, en diciembre ya eran 12.000 y actualmente la cifra se ha intensificado hasta los 64.000. El comandante de las fuerzas de seguridad de la frontera, Saber al-Mahayreh ha detallado recientemente que 59.000 sirios se encuentran en Rukban —uno de los puntos fronterizos—, mientras que otro oficial ha detallado a Agence France-Presse (AFP) que 5.000 sirios más se encuentran anclados en Hadalat, otra zona lindante 70 kilómetros al oeste.

Esta cifra récord se debe a los recientes bombardeos del régimen sirio sobre Alepo, que han causado una nueva huída de al menos 5000 desplazados hacia el linde. Pese a la situación de emergencia, son pocas las ONGs que tienen acceso a la zona, que se encuentra fuertemente restringida por los servicios militares jordanos.

Secuelas de guerra 

A día de hoy, Ahmed y su hija siguen en fase de rehabilitación en Mafraq, una ciudad al norte de Jordania, cerca de la frontera con Siria. Una veintena de pares de zapatos llenan la entrada de su hogar a medio construir, como tantas otras casas improvisadas en los alrededores del campamento de Zaatari hechas con poco tiempo y recursos desde el agravio de la guerra en el país vecino. Ahmed muestra sus heridas en la pierna, que van cicatrizando poco a poco. La hija de cuatro años, por su parte, sigue sufriendo problemas en el estómago como consecuencia de la metralla que le entró en el cuerpo. Con suerte, las secuelas físicas terminarán curándose. Las psicológicas necesitarán más tiempo, o toda una vida.

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Periodista independiente nacida durante los Juegos Olímpicos de Barcelona. Mi trabajo se centra principalmente en temas relacionados con desigualdades, conflictos y derechos humanos. Siempre pensando en el próximo proyecto... Además ahora tratando de aprender árabe a la vez que vídeo y fotoperiodismo. Tengo tendencia a complicarme bastante la vida. Som-hi!

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