De cómo la Justicia venció a Esperanza. Oda a Manuela Carmena

Sentado en un tranquilo banco a orillas del canal de la Giudecca, observo una inquietante columna de humo que se levanta en la distancia. Sigo su rastro con la mirada, mientras me pregunto si será un incendio de esos que anuncian la caída de un imperio. Este pensamiento no es gratuito, en estos instantes, en la ciudad en la que nací, Madrid, a 1.400 kilómetros de donde ahora me encuentro, un incendio de esas características está teniendo lugar. Vivir en Madrid es andar un camino sin retorno. Del mismo modo en que nuestros pies dejan huella en sus calles, Madrid deja huella en nosotros. Irreversiblemente. En ese otro laberinto que es la memoria, vive un gato que siempre sabe encontrar el camino de vuelta a casa. Todo lo que atañe a la ciudad me toca de cerca. Imagino enormes piras de papeles, ardiendo en los patios del Palacio de Cibeles, y me equivoco. El único humo procedente del Ayuntamiento es el de las trituradoras de documentos, que en apenas dos días han llenado la calle Montalbán de contenedores rebosando una triste suerte de confeti. Es tal el empeño destructor que demuestra el gobierno saliente, que CC.OO. denunció  este jueves la destrucción masiva de documentos. Por primera vez desde 1991, el Partido Popular ha perdido el Ayuntamiento de Madrid. A falta de conocer los términos de la negociación, una alianza con los socialistas madrileños convertirá a Manuela Carmena en la nueva alcaldesa.

No voy a intentar disimular mi alegría, no podría hacerlo. Independientemente de mi afinidad ideológica con unos u otros, creo que Esperanza Aguirre es uno de los personajes más deplorables de la política española. En esta ocasión, ha tardado menos de lo habitual en traicionar la confianza de sus votantes (un 34,55% de los madrileños que pasaron por las urnas). Tras conocer los resultados de los comicios, Aguirre ha llamado a construir un frente de «centro», junto a PSOE y Ciudadanos, para frenar el avance de la «izquierda radical»; aunque reconoce no haberse leído el programa de Ahora Madrid. Ha llegado incluso a ofrecerle a Antonio Miguel Carmona la silla de alcalde. Así de reaccionaria se muestra Esperanza Aguirre frente a la nueva política que reclama la ciudadanía. En otra de las perlas dejadas por la Condesa en esta semana de resaca electoral, no le ha temblado la voz al referirse a las asambleas ciudadanas como «los sóviets de los distritos». Patinazos y dislates aparte, no conviene olvidar que sigue siendo la candidata más votada. En estas circunstancias y a tenor de sus reacciones, parece que la derrota está siendo un plato de difícil digestión.

Después de horas de entrevistas, artículos y reportajes, puedo afirmar rotundamente: confío en Manuela Carmena, aunque debo confesar cierto escepticismo en cuanto a su margen de actuación. El sistema siempre opone resistencia al cambio. Simpatizante del PCE al terminar la licenciatura en Derecho, años después se ha referido a aquella etapa en estos términos: «Fundamentalmente los comunistas de aquellos años éramos socialistas antifranquistas. Porque todo lo demás no lo teníamos nada claro». Es cofundadora del despacho laboralista que sufrió el atentado de Atocha en el año 1977, en el que murieron cinco abogados; ganadora, en 1986, del premio nacional de Derechos Humanos; fundadora de la Asociación Jueces para la democracia. Con más de 30 años de experiencia en la Judicatura, el compromiso de Manuela Carmena con la ley es incuestionable. Su victoria, justicia poética. Cuando habla en público se pone nerviosa. No siempre se expresa bien, aunque consigue dejar claro lo que quiere decir. A mí me da la sensación de que el cerebro de Manuela trabaja demasiado rápido para lo que permiten sus órganos del habla, como si tuviera muy claro aquello de “el tiempo es oro”. El tiempo, además, es ahora.

En Ahora Madrid se autodefinen como una «candidatura ciudadana de unidad popular», donde confluyen otras formaciones políticas como Podemos, Ganemos Madrid y Equo. Su programa es un documento colaborativo de 70 páginas, desglosado en cuatro áreas: economía sostenible y empleo de calidad; gobierno democrático, transparente y eficaz; derechos sociales e inclusión social; y ciudad cercana, cohesionada y habitable. Todas las áreas tienen unos objetivos generales, donde se incluyen otros “menores”, así como las líneas de acción a seguir para su consecución. También se recogen, a través de la participación ciudadana, objetivos concretos que responden a la especificidad de cada distrito. Lejos del populismo del que se acusa a Podemos, la candidatura de Manuela Carmena ha conseguido elaborar un programa sensible a las demandas actuales de la sociedad y factible en su ejecución. En el proceso de elaboración recibieron más de 1.200 propuestas de los ciudadanos. Las medidas más urgentes en las que se pondrá a trabajar el equipo de gobierno, una vez Manuela tome posesión del cargo, son la lucha contra la corrupción y el fin de los desahucios. En estos dos puntos la convergencia con Podemos es absoluta, pero la misma Manuela ha reconocido no estar de acuerdo en todo con Pablo Iglesias. La guinda, el acierto que ha terminado por aupar a esta curtida letrada al trono de la ciudad, es el de haber sabido responder a la ilusión y necesidad de cambio de los más jóvenes, y apelar al sentido de una gestión responsable de los más adultos. De momento no podemos evaluar a Manuela más que por su pasado y presente, pero durante la campaña ya pudimos ver de qué pasta está hecha. Ante las calumnias de las que fue acusada por su rival, Esperanza Aguirre, ella guardó silencio. No pierde el tiempo en respuestas que desvían el foco de atención: Manuela ha venido aquí a gobernar. Pero no con mano de hierro, sino con la mano tendida. Durante la campaña de Ahora Madrid se han visto recitales de poesía en la calle, conciertos más o menos improvisados, alegría frente al cambio que se avecina. Ahora sólo falta que ese cambio ocurra, y que nosotros lo veamos.

Fotografía: Myriam Navas © 

bluebird Comunicación
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