Catalunya y la sorprendente velocidad de la Justicia

España es un país curioso. Y diferente. En ocasiones pasan cosas que sorprenden a todo el mundo por inesperadas. Por ejemplo, hace poco dimitió un ministro y la gente se volvió loca. La falta de costumbre en un país de corruptos. Pero lo que sí es más que sorprendente es que la Justicia sea veloz por aquí. Y el Tribunal Constitucional ha batido todos los records al suspender la Ley Catalana de Consultas.

Podrían incluso haberla prohibido antes de ser aprobada por el Parlament de Catalunya el pasado día 19 de septiembre. Entonces habrían sido tachados de grandes visionarios en esto de impartir justicia. Pero no. Esperaron aunque no demasiado: en unas horas ya tenían lista la suspensión, admitiendo a trámite los recursos promovidos por el bueno de Mariano.

Entre medias, los voceros de la carcoma española ya han sacado el látigo para flagelar a Mas y a Catalunya. Y a muchos catalanes. ¿De verdad esta gente no entiende que cada declaración suya contra la consulta suponen más votos para el SÍ? ¿De verdad que no ven con sus ojitos que cada portada como la de El Mundo contra Artur Mas trae consigo más adeptos al SÍ?

Pero no. Aquí gusta eso. Gusta echar gasolina a la candela sin parar. Y sin el más mínimo argumento. No es no. Y da igual lo que un pueblo pueda sentir. Es no y punto. Por los santos cojones de la madre patria. ¿Por qué?

¿No podemos aprender un poco de los británicos? Celebraron un referéndum sobre la independencia de Escocia. ¡Y no ha pasado nada! Salió el no. Pero es que si hubiera salido el sí la vida habría seguido igual. Lo curioso es que en España hubo titulares más catastrofistas que en algunos medios del Reino Unido. Somos así.

Nos gusta ser exagerados. Demasiado. Y lo de Constitucional ayer es una prueba de ello. En unas horas, con reunión extraordinaria. Con una espectacularidad de película. Con Rajoy en el papel principal. Mas de eterno secundario. Y los tertulianos bramando aumentando las adhesiones a la independencia de Catalunya. No voy a entrar a valorar lo dicho por el TC porque para eso están los expertos. Pero sí las formas y la velocidad. La velocidad supersónica.

Y digo yo… ¿por qué no se puede permitir a un pueblo expresar su opinión? ¿Por qué no se deja decidir a aquellos que quieren decidir? Decidirán sí o decidirán no. Pero que les dejen al menos intentarlo. ¿Se va a desmembrar España? ¿Van a poner un muro en Aragón? ¿En qué tiempos viven los que realizan afirmaciones semejantes? ¿Tan complicado es entender que un pueblo quiera decidir su destino?

En cuanto a la preocupación de los españoles en esta cuestión sólo quiero dejar un apunte: lo que preocupa a la mayoría silenciosa es saber si el Barcelona seguirá jugando la Liga Española, pasará a la francesa o jugará en una nueva Lliga Catalana. Pregunten por la calle. Quizás no estén tan interesados en lo que haga Catalunya como en recuperar los derechos robados, pagar los libros de texto de sus hijos, lograr una cita con el médico o evitar que les caiga la rama de un árbol encima.

La imagen que acompaña este artículo es de Kippelboy ©

bluebird Comunicación
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1 Comentario

  1. Y olé. Que voten. Sea lo que sea. Pero estamos como estamos… aunque nunca es tarde por luchar por lo que creemos merecer (o merecemos). Mua!

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