Castro, el juez que no creía en el amor… de la Infanta

Aunque ya se venía rumiando desde hace unos días, finalmente saltó la noticia: la Infanta Cristina, hijísima y hermanísima, se sentará en el banquillo de los acusados por delito fiscal y blanqueo de capitales. Y es aquí cuando podemos emitir la carcajada o hacerlo más adelante. Por más que el juez José Castro siga tratando de impartir justicia pese a las múltiples presiones, sigue costando ver a la Borbona en ese deseado banquillo de los acusados.

Y emitimos estas carcajadas porque no había pasado ni media hora cuando la Fiscalía Anticorrupción, personificada en ese monárquico ejemplar que ha sido, es y será Pedro Horrach, saltaba a los medios para echarse las manos y la cabeza. “La Infanta Cristina ha sido tratada de manera injusta por ser quien es”, ha dicho Horrach. Y punto. Pobrecita, qué vida más dura ha tenido, y es que encima, por ser Infanta, todos quieren meterla en la cárcel.

Probablemente Horrach sí que crea en el amor incondicional que siente Cristina de Borbón por Iñaki Urdangarin. Ay, Iñaki. Qué rubio, qué alto, qué guapo. El yerno perfecto. El azote de Jaime de Marichalar. Con esos niños tan rubios y tan guapos. La pobre Cristina estaba tan enamorada que firmaba, firmaba y volvía a firmar. Y el dinero entraba por todas las partes pero qué más da. Como a ella siempre le ha crecido el dinero de los árboles…

“Injusta”. Para Horrach así se ha tratado a Cristina: de forma injusta. Y a las miles de personas que han sido desahuciadas, ¿cómo se las ha tratado? Para ellas no hubo compasión y ningún fiscal atacó ferozmente para defenderlas.

Pero nos queda el juez Castro. Ese hombre que no cree en el amor ni en comer perdices. Y lo tiene claro: “Cristina de Borbón colaboró activamente con Iñaki Urdangarín en las irregularidades que se estaban cometiendo en el seno de Aizoon”. Activamente. Vamos, que sabía de dónde venía el dinero a espuertas que entraba en casa y como papá era el que salía en las monedas y los billetes pues seguro que nunca habría problema.

“Hay sobrados indicios de que Doña Cristina de Borbón ha intervenido, de una parte, lucrándose en su propio beneficio y, de otra, facilitando los medios para que lo hiciera su marido.” Castro, el juez que no cree en el amor, lo tiene clarísimo. Habla de “colaboración silenciosa”, muy de la Casa Real, porque a la chita callando su padre, el (ex) Rey, se ha forrado a costa de todos los españoles.

Y es que la Infanta de España y de todos los españoles, hija de Juancar y hermana de El Preparao, se forró junto a su marido Iñaki a través de la Asociación Instituto Noos consiguiendo dinero “a costa de las arcas públicas de la Comunidad Valenciana y la de Islas Baleares”. Todo muy público. Ella, tan estupenda, la hermana guapa, siempre tuvo gusto por lo público.

Cristina, a la que su padre le puso como abogado a un padre de la Constitución, se enfrenta ahora a la posibilidad de sentarse en el banquillo. Aunque está muy lejano y muchos van a poner toda la carne en el asador para que la Audiencia Provincial de Mallorca no nos dé el gusto de ver a la Borbona donde tiene que estar. Ahí está Horrach, monárquico y gran persona, para evitarlo.

E Iñaki. No nos olvidemos de Iñaki. Aquel jugador de balonmano que se curtió una carrera meteórica a costa del dinero público. Y de ser yerno del Rey. El azote del pobre Marichalar que ahora camina altanero. Pues Iñaki lo tiene más complicado. Ocho delitos desgranados uno a uno. Nada va a evitar que se siente en el banquillo. Ni siquiera el amor que su esposa siente por él.

Y mucho menos la Casa Real. Felipe VI, el Preparao, ha tardado bien poco en lavarse las manos. Como Pilatos. No quiere saber nada ni de su cuñado ni de su hermana. Ya no queda nada de aquellas fotos en Palma de Mallorca de los hermanos políticos olímpicos. Tan altos, tan rubios, tan guapos… oscureciendo a ese pobre Marichalar. Pero ahora Felipe VI no quiere mancharse las manos demasiado.

¿Y ahora qué? Pues la maquinaria del Régimen se pondrá en marcha para proteger a una de las suyas. A Iñaki lo tirarán a los leones, pero a Cristina no. Es una Borbona, amamantada de la teta de papá Juancar y mamá Estado. No pueden pasar esa vergüenza. Nos queda el juez Castro contra el mundo. Y soy fan del juez Castro.

La ilustración que acompaña a este artículo es de Raquel G. Ibáñez.

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