Saniclown, sonrisas que curan

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«Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.)»

Esta frase inolvidable forma parte de la que, probablemente, sea la dedicatoria impresa en un libro más hermosa de la historia (con permiso del «A Pilar, que no dejó que yo muriera» de ‘El viaje del elefante’, de José Saramago). Pertenece a ‘El Principito’ y la he recordado gracias a Jéssica Vivanco Merodio, que me ha dicho: «Todos hemos sido niños, es algo que llevamos dentro, sólo hay que saber dónde buscar».

Esta monitora de comedor escolar y profesora de teatro lo encontró convirtiéndose hace siete años en payasa de hospital. Verónica Macedo, la presidenta de Saniclown, se cruzó en su camino en el momento preciso. «No pude más que enamorarme del proyecto», confiesa Jéssica. Y no es extraño, porque su labor consiste en llevar la magia y la sonrisa (si es que ambas cosas no son la misma) a una planta de hospital.

Los payasos terapéuticos son profesionales de la medicina, el arte, la educación y la psicología que se han formado en la técnica del clown orientada al abordaje y acompañamiento de pacientes ingresados. Apoyándose en recursos de la psicología humanista, el objetivo es que las intervenciones de los clowns ayuden al paciente pediátrico o adulto, sublimando sus temores a través de técnicas de humor, poéticas y artísticas en general.

¿Cómo lo compaginas con tus otras tareas: trabajo, familia…? 

Tengo un hijo de 12 años y llevo en Saniclown desde que él tenía cinco, además soy madre soltera así que puedo asegurarte por experiencia propia que fácil no es. Este año, en concreto, es el abuelo el que me echa una mano, otros ha sido la abuela, otros algún amigo… Cuando crees en algo sacas tiempo de donde no lo tienes para hacerlo salir adelante. Lo más difícil es tener continuidad cuando hablamos de voluntariado, de ahí la importancia de que nuestro trabajo esté pagado, para que sea una realidad sostenible en nuestras vidas.

¿Con qué te quedas de todo este tiempo? 

Del hospital me quedo con los abuelos y las abuelas, para mí son auténticos héroes y heroínas. Están viendo sufrir a las dos personas que más aman, su hijo o hija y su nieto, pero les miras y ves una sonrisa que ilumina todo el pasillo, bailan con nosotros, cantan, hacen de vaca o de modelo, se disfrazan… Hacen lo que haga falta por ver a su familia sonreír.

 ¿Y una anécdota que no olvides? 

Recuerdo el día que acompañamos a una peque de seis años a una sedación, cómo la ayudamos a elegir la camita en la que viajaría hasta la sala, el viaje con ella y sus papis en el ascensor, todo el recorrido hasta llegar a sedaciones y, una vez allí, cómo la nena se iba quedando dormida mientras su mamá nos “casaba” a mi compañero y a mí. Cuando despertó fuimos a verla para contarle la increíble luna de miel que habíamos pasado en el centro comercial del barrio.

Desde mi punto de vista como madre, no tiene precio el hecho de vivir aquella situación de ingreso con una sonrisa en la cara. La niña se durmió sonriendo y los padres no pararon de reír en todo el camino.

He leído vuestro código deontológico y me he quedado prendada de algo: «El humor y la fantasía pueden formar parte de la vida en el hospital». ¿Es tan difícil, a veces, como parece hallar algo tan maravilloso como el humor y la fantasía en un hospital? 

En nuestra formación como payaso de hospital aprendemos a encontrar esas teclas que activan en cada persona su fantasía, su humor, sus ganas de jugar… Siempre desde el mayor de los respetos. Todos hemos sido niños, es algo que llevamos dentro, sólo hay que saber dónde buscar.

Dentro de poco la Comunidad de Madrid celebra el Día Universal del Niño. ¿Son ellos los pacientes más agradecidos? 

Cuando alguien se encuentra en un momento personal tan difícil como lo es una disminución de la salud acompañada del ingreso hospitalario, da igual la edad, la necesidad de ese humor y esa fantasía de la que hablábamos antes existe. La diferencia está en que los niños saben que quieren jugar y los adultos no tienen ni idea.

Saniclown estará celebrando el Día Universal de la Infancia en el Pabellón de Cristal del Recinto Ferial de la Casa de Campo, los días 2 y 3 de diciembre.


Sobre el Autor

Pilar Cámara

Tan cursi como un tutú de cuchillas de afeitar, vivo en Revolutionary Road y escribo en rebeldía porque escupir es de mala educación.

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