«Buscamos que alguien ponga en palabras aquello que, a lo mejor, no nos atrevemos a decirnos a nosotros mismos»

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Entre el cine y la literatura, Raúl Portero aún no tiene cómo identificarse. Lleva poco tiempo haciendo películas —’Grímsey’, su ópera prima, es el primer filme español rodado en Islandia— y ‘La canción pop’ (Dos Bigotes) es su primer libro en cinco años. Sin duda, la espera ha merecido la pena para todos aquellos que —como yo, como el propio Raúl— nacimos en los 80 y todavía nos preguntamos en qué momento crecimos demasiado. Porque crecer es perder, despedirse de la inocencia y abrazar el desencanto. Y «’La canción pop’ es decir basta».  

La primera pregunta no iba a ser esta, pero hace unos días apareció en la prensa la palabreja xennial y fue inevitable pensar en los protagonistas de tu novela. ¿Qué te parece el término?

Me parece una excusa más para vender productos que antes eran más baratos a un precio más caro, y para vender más antidepresivos, también. Alguien ha debido pensar: «Esas personas recordarán cómo fue la vida antes de internet, pues vamos a sacar de nuevo todos esos productos a la venta a ver si cuela». La ironía es que la mayoría pica y compra. Sale un artículo por aquí y otro por allá, sin profundizar demasiado en lo que se dice (no sea que la gente de la que se hable se ponga a pensar o, peor incluso, a “actuar”) y ya lo tenemos todo hecho.

 Enlazando con lo anterior, ¿por qué parece que nos empeñamos en formar parte de algo, de lo que sea, de un grupo de amigos, de una generación, de una familia?

En el fondo, estamos solos. O nos sentimos solos, mejor dicho, porque podemos estar constantemente acompañados o, si no, tenemos un teléfono que nos devuelve la percepción de que estamos acompañados y eso debería aliviarnos. Pero no lo hace, o nos sirve de muy poco. Por eso necesitamos saber que formamos parte de un grupo de amigos, de una generación o de una familia aunque no sea verdad. ¿No te pasa, a veces, que estás con tus amigos o con tu familia y de pronto piensas que nada de lo que están diciendo te interesa? O que lo que estás escuchando es una conversación entre sordos: a nadie le importa lo que digan los demás, solo les interesa lo propio y siguen hablando cada uno de lo suyo. Nadie se pregunta cómo está nadie, nadie te pregunta qué has hecho últimamente. Es absurdo pero, sin embargo, ahí sigues. Preferimos eso y entrar a formar parte de un grupo antes que asumir que nos sentimos solos, o que directamente ya lo estamos y ser consecuentes con eso.

Quizá por ello, por las vivencias de los protagonistas, por el mundo que enfrentan, es difícil no empatizar con ellos. ¿Por qué crees que buscamos el reflejo de lo que somos en los libros (las canciones, las películas…)?

Más que un reflejo, lo que buscamos es que alguien ponga en palabras aquello que, a lo mejor, no nos atrevemos a decirnos a nosotros mismos. Ahí está la conexión o el reflejo que sentimos al leerlo, es cuando podemos decir «yo también he sentido eso». Alguien a quien no conoces y que puede estar a kilómetros de ti, de pronto, le ha puesto voz a algo que tú también has querido decir. ¿No es genial si ocurre? De pronto dejamos de creernos unos raros.  

 ¿Qué es ‘La canción pop’, Raúl?

Podría ser el momento en que descubres que has estado arrastrando contigo un montón de cosas que ya no necesitas, y decides prescindir de ellas. Son los sitios, las situaciones, las relaciones y las personas que ya no forman parte de ti pero que, por alguna razón, siguen contigo. ‘La canción pop’ es cuando dices basta.  

 Hay una frase en el libro que se ha quedado conmigo: «Pero soy incapaz de transmitir la intensidad que supone vivir». Brutal. ¿Te ha pasado?

Es algo que me pasa constantemente, creo que me pasa con cada libro que escribo. Yo no puedo ser lector de mis libros o espectador de mis películas, es angustioso para mí porque hay una vocecilla en mi cabeza que no para de repetirme que no he llegado al fondo de la cuestión, que me he quedado a medio camino de lo que pretendía decir. Así que lo mejor es no pensarlo, pero lo puse en el libro porque el personaje era un músico y, el pobrecito, además está destrozado anímicamente. Sólo cuando estamos hechos polvo afloran los miedos y los decimos en voz alta. Algo bueno tiene que haber en eso.   

Creo que hay dos maneras de dejar atrás definitivamente la juventud: una es dejar que la vida te vaya llevando, suave, hasta el otro lado. La otra es repentina, de una hostia, y es cuando se muere un amigo enfrentándote a tu propia vulnerabilidad. ¿Cómo lo ves?

En realidad es el mismo camino. Sólo nos despertamos con el golpe. Otra cosa es cómo llegamos a él. Conozco a gente que se ha dejado llevar por las circunstancias —yo mismo, sin ir más lejos— hasta que un buen día, sin saber muy bien cómo, descubrimos que ya no somos jóvenes y que a lo mejor, en la mayoría de los casos, la vida que llevamos no es la que nos gusta. En otros casos, como dices, nos enfrentamos a nuestra vulnerabilidad de forma repentina: la muerte de alguien querido, el despido de un trabajo, la ruptura con nuestra pareja… Son caminos diferentes pero el resultado es el mismo, es un mazazo igual. Me parece irónico: ¡no hay nada que hacer!

 ¿Perdemos la inocencia y ganamos el desencanto?

La inocencia la preservamos, aunque como el desencanto gana tanto terreno es fácil olvidarse de que en el fondo seguimos conservándola. De lo contrario, las cosas dejarían de importarnos, dejaríamos de actuar; después de todo, lo que queremos es abandonar el desencanto y el desconcierto que provoca y recuperar la inocencia que hemos perdido. Y hay que ser muy inocente para pensar eso, de ahí que la inocencia nunca la perdamos, en realidad.

pop

El arranque de la novela me parece una canción de La habitación roja, pero supongo que es porque se repite una y otra vez en la banda sonora de mi vida. ¿Cuál es la tuya?

No podría quedarme con una sola canción, pero sí podría quedarme con un disco. ‘Mechanical Animals’,  Marilyn Manson, 1998. Yo iba al instituto y escuchar a Marilyn Manson te hacía parecer valiente, porque entonces Marilyn Manson era el enemigo público número uno de todo el mundo. Además, el disco sigue sonando igual de bien que hace veinte años. De hecho, el tatuaje que tengo en el pectoral dice «I’m not attached to your world», que es una de las frases de la canción que abre el disco, ‘Great Big White World’. Si me pides una canción, ahora podría decirte esa porque es la que llevo tatuada. Pero dentro de cinco minutos podría ser cualquier otra.

Podría decirte también que el libro se llama así por ‘Popplagi∂’, la canción de Sigur Rós. Literalmente, es «la canción pop», pero en islandés. En un momento de la novela, cuando Simón explica cómo veía su futuro y cómo iba a ser su segundo disco, lo que está describiendo en realidad es el tercer álbum de Sigur Rós, que no tenía nombre, sólo se llamaba ‘()’. Él te dice: quería hacer un disco así, que es el disco de Sigur Rós y ‘Popplagi∂’ es la canción que lo cierra. Es perfecta, aunque seguramente el libro no lo sea.  

 ¿Y tus referencias?

Tengo más claras mis referencias cinematográficas que las literarias, a lo mejor porque en el cine soy más selectivo. En ‘Grímsey, mi primera película, Richard y yo sabíamos que, como íbamos a filmar en Islandia, tenían que ser sobre todo el cine nórdico, desde el cine islandés actual que arrasa en festivales hasta movimientos vanguardistas de hace dos décadas como el Dogma 95. También teníamos muy en mente producciones de presupuestos muy pequeños como ‘La Plaga’, de Neus Ballús. Sin embargo, para mi siguiente película es muy probable que las referencias se acerquen más en la nouvelle vague o al cine independiente de los años 50 y 60 en los Estados Unidos, sobre todo en John Cassavetes.

A lo mejor si coges todos mis libros puedes ver referencias comunes, pero siempre intento que sean diferentes en cada uno. Ahora mismo no podría decírtelas porque, si te digo la verdad, no las pienso de antemano.

¿Eres un cineasta que escribe novelas o un escritor que hace películas?

Aún no sé cómo identificarme. No hace tanto que hago películas —’Grímsey’ aún está pendiente de estreno— y este es mi primer libro después de cinco años sin publicar ninguno, de manera que sigo buscando mi sitio.     

Habiendo tú nacido en el 82, teniendo los protagonistas de la novela la edad que tienen y hablando de cine como se habla, se echa de menos un guiño a Bill Murray. No me digas que te cae mal…

Hablamos de un tipo que se cuela en fiestas universitarias a las que no está invitado, que  te roba las patatas fritas mientras estás comiendo, que siempre sale en los recordatorios anuales de actores que debieron ganar el Oscar, que ha hecho ‘Lost in Translation’, ‘Cazafantasmas’, ‘Los fantasmas atacan al jefe’, ‘El día de la marmota’, ‘Flores rotas’ y que encima parece saber reírse bien de sí mismo… No le hice guiño alguno, cierto, ¡pero Blackie Books le hizo un libro entero! No es nada personal. En realidad, sí. El día que Bill Murray desaparezca de este mundo, este mundo será un sitio un poco más triste.


Sobre el Autor

Pilar Cámara

Tan cursi como un tutú de cuchillas de afeitar, vivo en Revolutionary Road y escribo en rebeldía porque escupir es de mala educación.

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