Personas refugiadas, las muertes que no cesan

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Que la muerte no sea en vano es una de las excusas que nos ponemos cuando el dolor es tan grande que no sabemos gestionarlo. Es una de esas mentiras que nos contamos a nosotros mismos con la esperanza de poder seguir caminando, aunque sea por inercia. Por eso, a veces, convertimos a los muertos en símbolos.

Hace dos años, el 2 de septiembre de 2015, Aylan Kurdi, un niño sirio de tres años, apareció ahogado en la orilla de una playa turca.

Su imagen dio la vuelta al mundo. Las lágrimas de su padre mojaron nuestra conciencia. Nos movilizamos. Exigimos a nuestros gobiernos que hicieran algo de una maldita vez. Y, después, nos olvidamos.

Aylan desapareció de nuestra conciencia. Sin más. Y llegó el pacto de la vergUEnza con el que terminamos de abandonar a aquel niño que nos hizo abrir los ojos y luchar, convirtiéndolo en uno de esos símbolos trágicos sin posibilidad de cambio.

Dos años después, lejos de reducirse el número de muertos en el Mediterráneo y sin ningún tipo de respuesta por parte de la UE para impedirlo, la cifra de niños refugiados ahogados mientras trataban de alcanzar las costas europeas asciende, al menos, a más de 500, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Son los datos que nos ha hecho llegar Save the Children. La organización ha recreado este fin de semana en la plaza de Colón de Madrid una playa con cerca de 500 siluetas (una por cada niño refugiado muerto en el Mediterráneo) para rendir homenaje a las víctimas.

Con este acto se ha querido recordar a la UE —la maldita Europa de la desmemoria, la hipocresía y la vergüenza— que, si seguimos sin establecer vías seguras y legales para aquellos que huyen de la violencia y el conflicto, la cifra de muertos y desaparecidos en el mar no va a cesar.

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Fotografía: Pedro Armestre/Save the Children ©

En lo que llevamos de año más de 2.400 personas refugiadas y migrantes han muerto o han desaparecido en el Mediterráneo. La ruta central establecida entre Italia y Libia, considerada la más peligrosa, sigue siendo el trayecto más mortífero con 2.244 víctimas en este 2017.

Tal y como indica Save the Children, «las políticas basadas en la seguridad y no en los derechos humanos no sólo provocan muertes, sino que impiden a los que sí que han podido llegar desarrollar una vida plena en Europa». El pasado 24 de junio la ONG instaló en la plaza de Colón un contador electrónico para recordarle al Gobierno español que el próximo 26 de septiembre se termina el plazo para que cumpla su compromiso de acoger a más de 17.000 refugiados en España.

A 23 días para que termine dicho periodo solo han llegado a nuestro país 1.888 personas, un 10,8 por ciento de lo comprometido. Mientras tanto, más de 62.000 refugiados permanecen bloqueados en Grecia. De ellos, 20.300 son niños y 2.200 han hecho el viaje solos.

Aylan no viajaba solo. Pero no llegó. Tampoco permanece. De su camiseta roja, su pantalón azul, de imaginarlo jugando con la torpeza propia de su edad… No quedó nada más que otra triste efeméride que hoy recordamos. Hasta que lo volvamos a olvidar, porque, no nos engañemos, las muertes siempre son en vano.

Fotografía principal: walterw.a ©

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Murray Magazine

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