Noviembre contra la violencia machista (IV)

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Acaba noviembre. Pasó el día 25. Salimos a la calle. Nos siguen asesinando. Porque el terrorismo machista parece ser el crimen que no cesa. Un suma y sigue macabro, que nos hiere a todas. Una tortura que queda relegada al olvido hasta el siguiente caso que aparezca en las portadas de los periódicos digitales, hasta el año que viene por estas fechas. Hasta la próxima. Porque, no nos engañemos, mientras sigamos viviendo en una sociedad machista, seguiremos sufriendo crímenes machistas. Cuestión de educación. De todos.

«El maltratador utiliza la violencia porque puede. Porque la mujer no le va a devolver el golpe. Además de estar educadas en la indefensión, en las relaciones de maltrato, previamente el agresor ya ha realizado una labor de destrucción psicológica que propicia la sumisión en la víctima. También podrá maltratar si los vecinos no llaman a la Policía ni van en auxilio de la víctima. Porque la presión social contra las mujeres ha conseguido también que, en la mayoría de los casos, la víctima esté avergonzada, encerrada en su casa sin contar nada de lo que ocurre con su pareja ni a sus familiares ni a sus amigas mientras el agresor lleva una agradable vida social».

Quizá si cada vez que una de nosotras fuese asesinada se hablase de ello como si de un crimen de ETA se tratase, quizá entonces tomaríamos conciencia de la gravedad de este asunto que han sufrido 62 millones de europeas. 62 millones.

«El maltratador agrede porque su mujer tendrá que buscarse un lugar seguro antes de denunciarle. Un lugar seguro que significa abandonar su casa, su pueblo o su ciudad, en algunos casos a sus hijos, sobre todo si estos son mayores, el trabajo si lo tiene, y las relaciones de amistad y familia, si es que le quedan algunas, pasarán a ser clandestinas. Una vez abandonada la casa, como ya no podrá ocultar por más tiempo la situación a sus íntimos, la mujer rara vez encontrará comprensión. Lo más seguro es que se enfrente a las críticas de ‘cómo has aguantado tanto tiempo’ o incluso a semiveladas acusaciones: ‘la culpa es tuya por consentirle’».

En lo que va de año ocho niños han sido asesinados y 23 han quedado huérfanos por el asesinato de sus madres a manos de sus parejas o ex parejas. La violencia de género deja además daños psicológicos a veces irreparables en los 900.000 niños que, junto a sus madres, sufren la violencia de género. Es la denuncia de Save the Children. 

«El maltratador agrede porque sabe que, aunque la víctima le denuncie, la justicia no será demasiado severa en el caso de que su mujer consiga ganar el juicio. También sabe que sería raro que alguno de sus amigos le retiraran la palabra o dejaran de tomar café con él. Profesionalmente, seguirá siendo el mismo y en ningún momento se cuestionará su idoneidad para el puesto que desempeñe por ‘sus cosas de pareja’, aunque tenga un cargo público, o sea miembro de las fuerzas de seguridad del Estado, o un periodista de cualquier importante medio de comunicación o incluso si se dedica a impartir justicia».

La Comunidad de Madrid ha recortado casi a la mitad el presupuesto contra la violencia de género desde 2008. La partida para acciones contra la violencia de género y promoción de la igualdad ha caído de 44,8 millones en 2008 a 22,6, según un informe de CCOO. Esto es lo que leíamos, asombrados, esta semana en eldiario.es.

«El maltratador agrede porque sería raro que alguien en su familia se lo recriminara, toda la culpa la tendrá ella».

Vivimos en un mundo en el que las mujeres, por el hecho de serlo, ganan menos dinero que los hombres; un mundo en el que somos víctimas de acoso sexual sin darnos cuenta de que lo somos o, peor todavía, en el que te enseñan a sentirte halagada por serlo; un mundo en el que todavía hay juguetes para niños y otros para niñas; un mundo en el que las tareas del hogar siguen siendo responsabilidad de las mujeres; un mundo en el que no se enseña a no agredir, sino a protegerte de la agresión…

«Y a ella le costará mucho esfuerzo irse y comenzar una nueva vida sola, porque ya se ha encargado él de controlar su vida profesional y los recursos económicos de la pareja. En definitiva, el maltratador agrede porque las estructuras le amparan y la sociedad se lo permite. Las mujeres maltratadas que consiguen romper con sus parejas y con las situaciones de violencia que estas provocan, se enfrentan a un sistema lleno de trampas. Su éxito es de todas las mujeres».

Los fragmentos pertenecen a ‘Íbamos a ser reinas’, de Nuria Varela.

Sobre el Autor

Murray Magazine

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