Y la gente hablando de Piqué

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Nos cuenta nuestro compañero Mario V. Díez, fotógrafo de las imágenes que hoy ilustran este editorial, que el señor del bigote fue uno de los primeros votantes de Sant Feliu de Llobregat y que no pudo aguantar las lágrimas de emoción.

No sabemos si votó Sí o No. Y no nos importa. De hecho, creemos que de no haber sido por la lamentable —reprobable, asquerosa, indigna, dictatorial, etc.— intervención de la Policía Nacional y la Guardia Civil su voto habría quedado en poco más que nada y las probabilidades de vivir un segundo 9N eran muy altas.

Sin embargo, llegaron aquellos que, supuestamente, deben velar por nuestra seguridad (¡ja!) y dejaron un reguero de casi 1.000 heridos.

En concreto, según fuentes de Amnistía Internacional, el domingo 1 de octubre se asistió por heridas, contusiones o afectaciones de la salud a 893 personas en los centros de atención primaria y hospitales como resultado de la violencia policial.

Uno de los muchos jóvenes que organizaron el movimiento electoral e hicieron posible que los vecinos de Sant Feliu pudiesen votar.

«Está claro que varias de las actuaciones de los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil se han saldado con un uso excesivo e innecesario de la fuerza, una utilización peligrosa de material antidisturbios,  y han provocado centenares de heridos, contusionados y afectados que protestaban pacíficamente», afirmó John Dalhuisen, director de Amnistía Internacional para Europa y Asia Central.

Mientras tanto, y mágicamente, el Ministerio de Interior elevó de 39 a 431 los policías y guardias civiles heridos durante la jornada del lunes.

Desde luego, la semana ha sido movidita. Hemos visto manifestaciones nada casuales de policías nacionales y guardias civiles por la equiparación salarial con los Mossos. Hemos escuchado declaraciones de Alfonso Guerra, de Felipe González, de José María Aznar. Hemos asistido, estupefactos, a la presencia de la Iglesia en uno y otro lado.  Hemos leído Facebook, que es lo que más miedo nos ha dado de todo

Y, al final, después de todo esto, volvemos a encontrarnos con esas dos Españas, enconadas y enfrentadas. Y vemos que eso que conocemos como redes sociales, en vez de hacer bien, han puesto la rampa de lanzamiento perfecta para avivar hostilidades día a día.

Sin duda, en este país hay una herida abierta, que algunos se empeñaron en no cerrar. No debemos olvidar nunca que España, con más de 100.000 desaparecidos, es «el segundo país del mundo, tras Camboya, con mayor número de personas víctimas de desapariciones forzadas cuyos restos no han sido recuperados ni identificados». Pero da igual, porque en estos días hemos vomitado escuchando a algunos cantar con total impunidad cánticos que creíamos de otra época y al líder de la Falange, Norberto Pico, clamando por el estado de derecho.

Momentos después de los episodios de brutalidad policial en la ciudad, la líder del Hogar Social Madrid, es escoltada por la policía después de provocar altercados en la Plaça Catalunya (Barcelona).

Pero todo esto también da igual, porque lo único importante es lo que diga Piqué —al que alguno iluminados llaman Gerardo, ¡qué nivel!—. Eso sí que nos hace llevarnos las manos a la cabeza, sacar las banderas muy españolas y mucho españolas a las ventanas.

Y es que, con todo lo que está pasando, el debate más duro y surrealista ha estado en torno a un futbolista que juega al fútbol. Sí, esto es real. La permanencia o no de Piqué en la Selección española, su compromiso con el derecho a decidir (que no con el independentismo, ni siquiera eso) le ha vuelto a poner de nuevo en el ojo del huracán. El único delito de Piqué para esos aficionados de golpe en el pecho: hacer ejercicio de su libertad de expresión y llevar a cabo algo que los futbolistas suelen hacer bien poco como es opinar.

Da igual que el Gobierno central y el de la Generalitat parezca que estén acercando posiciones. Que se joda Piqué. Que se vaya de la Selección. Eso es lo único que sigue importando en este país de pan, circo, fútbol y una Transición que, a la vista está, quizá no fue tan maravillosa como nos han vendido.  

Para ellos sí. Unos y otros han conseguido que durante 40 años lo único que nos importe sea el circo. O sea, el fútbol. Así no tiene que preocuparse de que un día nos planteemos si nos merecemos, o no, una clase política nefasta, egoísta, manipuladora, ladrona. Lamentable.

PD: ¿Alguien sabe qué tal todo por Venezuela? Estamos preocupados.   

Fotografías:Mario V. Díez ©

Sobre el Autor

Murray Magazine

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