La burbuja festivalera

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Cuentan que una ardilla podría atravesar el verano español de festival y festival sin descansar ningún fin de semana entre abril y octubre. La pobre ardilla no sabe muy bien qué estilo de música elegir, si prefiere playa o piscina, o, por otro lado, optar por entornos idílicos escuchando buenas canciones. Pero la ardilla se pregunta una cosa: ¿Son sostenibles tantos festivales en un país como España?

Hace unos días conocimos que se cancelaba en Chiclana el Festival Alrumbo, un clásico de los veranos y que congregaba a muchísima gente en la provincia de Cádiz. Hay dos versiones distintas. Por un lado, los organizadores comentan que es por discrepancias con el Ayuntamiento del municipio, las famosas trabas burocráticas. Mientras tanto, el consistorio apuesta por la falta de sostenibilidad y viabilidad económica del proyecto.

En los últimos años, han sido muchos los festivales que han desaparecido. Han sido borrados del mapa y sustituidos rápidamente por otros del mismo estilo. Se puede decir que ha habido una épica en la que moría uno y aparecían rápidamente cinco o seis. Tener un evento de esas características ha sido una moda a la que se han apuntado muchas ciudades y pueblos.

Ahora tenemos que hacernos tres preguntas:

  1.     ¿Siempre ha sido así?
  2.     ¿Es sostenible un número tan alto de festivales por toda la geografía nacional?
  3.     ¿Hay tanto público para tanto festival?

Respuestas rápidas:

  1.     No.
  2.     No se sabe.
  3.     Parece claro que no.

Ahora las desarrollamos:

  1.     Hace dos décadas, los festivales eran algo muy puntual y con un gran éxito de público. Fue el arranque del FIB y de clásicos como el Contemporánea. No podemos olvidarnos de otras grandes joyas como FestiMad, Sonar o el mítico Viñarock. ¡Ah! ¡Y el mítico Espárrago Rock! Eran contados y muy escogidos. Después la burbuja creció.
  2.     No sabemos si será sostenible, pero cada año desaparecen festivales porque suponen un gasto enorme y, ante la amplia oferta que existe en nuestra geografía, es complicado que pueda haber gente para hacerlos sostenibles a todos. Al final, se tira de ayudas, subvenciones y demás y todo empieza a complicarse. Por otro lado, a los grandes patrocinadores les cuesta implicarse si no lo ven claro.
  3.     En las últimas semanas hemos visto casos donde la presencia de público ha disminuido claramente pese a ser carteles muy potentes. A eso hay que sumar que en muchos festivales repiten buena parte de los grupos, lo que resta fieles y hace que los festivaleros tengan que decantarse por uno u otro.

Los festivales seguirán existiendo, eso es algo evidente. Cada vez más gente, especialmente los más jóvenes, los elige como evento central de sus vacaciones acompañados, si puede ser, de buena música. Lo que no es tan evidente es que el número actual de eventos musicales que tenemos en nuestro país durante las fechas veraniegas pueda aguantar muchos años más.

El objetivo de todos estos eventos, de cara al futuro, debería ser apostar por asegurar su sostenibilidad para mirar hacia el futuro con optimismo. No sabemos lo que ocurrirá, pero está claro que con un mercado tan apretado, solo los más fuertes sobrevivirán… Y eso no tiene que estar directamente relacionado con el caché o nivel de los grupos que acudan a tocar ni con las miles de personas que no se lo pierdan.

Fotografía: Fernando García ©

Sobre el Autor

Murray Magazine

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