Verano

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Hay silencios que hablan tanto que no necesitan ser acompañados por nada más.

No soy precisamente de los que piensan que una imagen vale más que mil palabras, más bien lo contrario, pero en ocasiones una mirada, un gesto, una quietud permanente provocan aflorar sentimientos hermosos e internos. En ‘Estiu 1993’ Clara Simón nos muestra con gran honestidad una historia autobiográfica de su familia. Transmite mucho con muy poco, cosa que engrandece aún más esta maravilla de película. Carece de grandes diálogos —aunque ello no significa que no los haya, porque algunos rozan la genialidad— desarrollándose bajo una dirección narrativa pausada pero sin caer en el tedio, con movimientos de cámara muy sutiles que provocan que el espectador se mueva por el interior de la pantalla como si fuera un miembro más del reparto.

verano

Las niñas —tanto Laia Artigas en el papel de Frida, como su prima/hermana Paula Blanco— rayan a una altura casi increíble. La dirección de actores es tan buena que apenas se nota que haya existido, dando la sensación que las interacciones de las chicas son vivencias propias de ese verano de 1993. El tratamiento de la enfermedad que causa el fallecimiento de la madre de Frida está envuelto de un aura de sencillez y de dura realidad que provoca hasta cortes de respiración en el espectador, que, al recobrar el aire, genera un suspiro de hermosa complacencia.

No faltan guiños a la época como el Minimilk, los Mosqueperros, Bom Bom Chip… Pero lo verdaderamente importante es que hace homenajes al CINE, al silencio, a las miradas, al arte, a la naturaleza, a los problemas sociales, a las duras enfermedades y sus consecuencias, a la infancia, al amor, a la exclusión social, al miedo…

Un homenaje a la vida y una regresión a ese verano de 1993 que los que lo vivimos , al acabar la proyección, no podemos más que levantarnos de la butaca para aplaudir y si llevamos sombrero quitárnoslo para demostrar el mayor de los respetos ante esta película envuelta en magia y con el apellido de obra maestra anexionado a su nombre.

Sobre el Autor

Duque de Argüelles

Crecí con Rocky, Jenaro y Miyagi, volando en bici y viajando en Delorean. Hoy, con un carro armado vero y la catana de Hanzo, sigo creciendo.

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