Roy Galán: la revolución del amor viralizada

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Ha pasado un año y medio desde que empezó a compartir en Facebook lo que se le pasaba por la cabeza y mientras usted lee estas líneas Roy Galán acumula más de 32000 seguidores en esta red social. Hablamos de un escritor revolucionario en el sentido estricto de la palabra. Y es que eso dice su carta de presentación. Eso y que comió veneno para ratones cuando tenía cuatro años.

Charlo con él: detrás de la firma de Roy Galán encuentro a un interlocutor cálido, cercano y expresivo. Sólo quiere revelar que ahora tiene treinta y tantos, que vive en algún punto de España, que en su día estudió Derecho y lo ejerció durante mucho tiempo y que cambió un puesto estable por escribir y por dedicarse de lleno a esa revolución de la que hablábamos. Ni grafitis a lo Banksy ni hackeos a lo Anonymous: este acto subversivo consiste en volcar en la red sus sentimientos. Nada más. Y nada menos. «La revolución del amor consiste en que la persona que menos te lo esperas alguien que tú considerabas diferente pueda llegar a sentir lo mismo que tú». Revolución cuyo verdadero mérito, por cierto, es que no adolece ni de una pizca de cursilería.

Sus textos son fascinantes dosis de sensibilidad, criticismo y emociones, encuadrados en formatos que soportan tanto el registro más cotidiano como el más trascendente y filosófico, y sin necesidad de recurrir en ningún momento a la ficción. «Todo lo que escribo es verdad: deformo lo que yo quiero, pero es verdad». Pero nunca  echa mano de la imaginación. Ni cuando habla de sus amigas lesbianas, ni cuando rememora experiencias pretéritas o roza la muerte de seres queridos. La inconfundible habilidad de Roy Galán es la de traspasarnos, la de lograr que nos identifiquemos. Lo hacemos nuestro. Creemos que nos conoce desde hace mucho. Inevitablemente compartimos, o bien lo guardamos para nosotros. Los hay, como yo, que transcriben palabra por palabra muchos de sus fragmentos. Difundimos. Y así se retroalimenta esta particular revolución sin sangre, altercados ni guillotinas.

¿Cuándo empezó a escribir? No podría decirlo. «Siempre he escrito», dice, «pero empecé a considerarme (llamarme) escritor en el momento en el que alguien me leyó y me dijo: ‘Gracias’». Está planeando su primer libro, pero ya no bajo aquella presión que el mundillo literario en el que se introdujo primero como alumno, después como profesor ejercía en ocasiones. «Tu primera novela es como tu primer hijo; todo el mundo te pregunta ‘para cuándo’ y te bloqueas». «He prescindido [en Facebook]de mucho artificio y de un lenguaje y unas metáforas muy elaboradas y preciosistas, que excluirían a cierto sector [tipo de lector]. He hecho una apuesta por que todo el mundo pueda leerme». Lo importante es que el mensaje llegue a su destino, «desde una cajera de supermercado hasta una catedrática de Derecho», comenta. «Esto lo hago para los demás; y es muy bonito no buscar el prestigio» Acompaña sus textos de fotos realizadas por él mismo, o de imágenes inspiradoras casi siempre en blanco y negro.

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Una fama que crece día a día implica que entre sus numerosos seguidores haya internautas de todos los pelajes. Dicho de otro modo: también existe un club de trolls de Roy Galán. «Con las reacciones de la gente aprendes mucho: está el lector al que todo le parece mal, el que no te hace ninguna concesión, el que te utiliza como excusa para hablar de su experiencia… Pero lo cierto es que mi única función es la de ser un espejo: reflejo. Si te reboto mierda, es que tú tienes mierda. Si te reboto amor, es que tú tienes amor». Para despertar hay que incomodar, y viceversa: si te incomoda algo es que, probablemente, hayas despertado a ese algo que antes ignorabas.

«Escribir en primera persona, hablar sobre mí, es mi manera de hacer activismo», dice, «no sé hacerlo de otra manera. Huyo de la viralidad». Es decir: del vídeo de gatitos, del no imaginas qué sucedió después, «quiero contenidos que me hagan sentir». Pero, sin quererlo, él mismo se ha convertido en un viral, en un nombre en boca de todos. Haga la prueba: busque su texto ‘Haz que no parezca amor’, reproducido ya en decenas de blogs (y hasta en formato vídeo). Es indiscutible la reacción generada entre los lectores, a quienes despierta sensaciones inopinadas. Algunos retoman con ganas alguna actividad semiolvidada, como escribir o pintar. Los hay que hasta abandonan trabajos que odian, según cuenta. «Nos da tanto miedo expresarnos… primero está el miedo de ‘No sé si lo haré bien’, después el de ‘No sé si quiero hablar de mí’, en fin… ¡Yo siempre animo a que todo el mundo escriba!»

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Escribir en primera persona no es sólo hablar de uno mismo. La actualidad también tiene cabida en su tintero. Entre sus hits más destacados está, por ejemplo, el revuelo que causó el retoque de las fotos de Inma Cuesta. O, sin ir más lejos, la marcha estatal convocada para el 7 de noviembre. Porque, si no lo habíamos dicho ya, Roy Galán es un militante del feminismo, lo cual en su caso se deriva de haber crecido rodeado de una presencia femenina ineludible. «Defiendo la figura de la mujer, me parece fascinante, y no entiendo cómo hay gente que no se para a escucharlas. Son tratadas injustamente». También subraya el daño que hacen las divisiones internas del propio feminismo, los conflictos ligados a esa legitimidad creada y arbitraria que autoriza a unos y despoja a otros de su libertad para hablar sobre derechos, lucha e igualdad.

En un contexto de modernidad exasperante y vacua se abre paso, pues, la revolución del amor; pero del amor auténtico y verdadero. Un amor genuino, laico, libre, vivo, sano, sexual, despojado de romanticismo —al menos, de ese romanticismo envuelto en el papel de regalo que es la lobotomía del marketing—. Leer a Roy es celebrar la exaltación de las pasiones como motor vital. «Está de moda ser cínico, pero todo funciona si le pones corazón». Aunque en el otro extremo de la balanza «haya miedo», las cosas siempre pueden salir bien. Como salió bien y tuvo aquel final feliz, abierto y agridulce, aquella historia intransferible.

Y si todavía se lo estaba preguntando: sí, lo del veneno para ratones es absolutamente verídico.

Sobre el Autor

Rocío Martínez

Quiero que mi biografía la narre Samuel L. Jackson

2 comentarios

  1. Qué suerte tener a Roy.
    Siempre lo digo, qué suerte que Roy nos hable así, tan de frente, tan abierto, tan de verdad.
    Gracias por esto y por todo lo demás.

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