El 25 aniversario de La Plaza reúne a Manta Ray

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Cuando Nacho Álvarez, bajista de Manta Ray, abrió el Bar La Plaza el 20 de noviembre de 1992, no pretendía crear una réplica a la asturiana de la Factory de Warhol, ni del Hacienda de Tony Wilson; simplemente pretendía ganarse la vida con un negocio de hostelería, radicado en el barrio de Cimadevilla, núcleo de la vida nocturna gijonesa… Aquel día de noviembre no sospechaba que los músicos de Gijón tomarían su local como una mezcla de hogar social y oficina.

No era raro encontrar a los grupos más célebres de la ciudad haciendo en el bar una escucha de su nuevo disco, o usándolo como plató para sacarse unas fotos promocionales. Tanto es así, que en los veranos empezaron a aparecer turistas musiqueros, que entraban en el bar con la misma cara del que entra en la Capilla Sixtina, y los más atrevidos buscaban alguna cara conocida, para llevarse una foto de recuerdo.

Con el paso de los años, La Plaza se ha convertido en un clásico del ocio nocturno gijonés, donde está garantizada una selección musical de primera y un ambiente de amable penumbra… que puede hacer que se confunda la noche con la madrugada.

Para celebrar su buena salud después de un cuarto de siglo, se organiza un festival de dos jornadas en la Sala Teatro Albéniz, contando con músicos de distintas generaciones y estilos, los cuales han tenido algo que ver con algún momento de la historia del local y que, dentro de un saludable eclecticismo, se ajustan al sello de buena calidad musical que es la marca y seña de
identidad de la casa.

Así, los grupos que actúan son Captains, Schwarz, Triángulo de Amor Bizarro, Amorante y, ¡atención!, Manta Ray.

Y es que entre los grupos de rock que salieron de Gijón, Manta Ray se encuentran entre los primeros nombres que vienen a la mente de cualquiera, junto a Ilegales, Australian Blonde o Los Locos… Su separación, en 2008, fue casi el punto final de una generación de la música indie española, que desde ese momento vio el ascenso de artistas de otra generación, que recorrían otros caminos musicales bien distintos y, desde luego, menos experimentales.

Manta Ray fueron, sin duda, uno de los grupos más importantes de la oleada indie de la segunda mitad de los años 90 y el primer lustro del siglo XXI. Su separación dejó un vacío importante para muchos seguidores, que piden constantemente el regreso, y no han faltado ofertas millonarias de algunos de los festivales más importantes de España; pero nada consiguió que el grupo volviera a tocar hasta que el bar La Plaza, epicentro de la escena musical gijonesa y propiedad de Nacho Alvarez, cumplió 20 años.

Aquello fue solamente un mini-concierto y ya fue el delirio, con un sold out espectacular y nuevas peticiones de regreso, más ofertas suculentas que no se quisieron atender…

Hasta ahora, que Manta Ray se reúnen de nuevo y todo hace pensar que será la última ocasión para verles. Esta vez, su directo será un set completo, aderezado con el montaje de luces que también era parte de sus últimas giras; en definitiva, será una oportunidad irrepetible.

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Murray Magazine

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