‘Discípulas de Gea’, mujeres que se dicen

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Me dijeron:
“O te subes al carro o tendrás que empujarlo”
Ni me subí ni lo empujé.
Me senté en la cuneta,
y alrededor de mi,
a su debido tiempo,
brotaron las amapolas.

Gloria Fuertes

discípulas de gea

Arranco con un poema de Gloria Fuertes, porque de ella aprendí —bendita sea— que hay libros que son mujeres y que en este mundo la poesía es tan necesaria como el feminismo.

Precisamente, de poesía y feminismo vengo hoy a hablar, con un puntito de ego de más en los dedos mientras tecleo, porque siento muy mío este proyecto, aunque no sea más que una invitada.

Hace varios meses Juan e Iván, los socios fundadores de Inventa Editores, me propusieron participar en ‘Discípulas de Gea’, un proyecto artístico colectivo y feminista con un trasfondo solidario: echar una mano a las mujeres víctimas de la trata y la explotación sexual, a través de Guada Acoge.

discípulas de gea

Por supuesto, no quise negarme en un momento en que necesitaba gritar —y eso sólo sé hacerlo a través del silencio que nos brindan las palabras— tantas cosas que estaba asustada. Así que allí, en ‘Discípulas de Gea’ hay algunos poemas que me dicen. Y lo que es mejor, hay otras 35 mujeres que se dicen, a través de la literatura, de la fotografía, de la ilustración, del arte, que también es una mujer, en un libro colectivo que lucha por un mundo libre, justo e igualitario.

Como decía Alejandra Pizarnik: «Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que no conocí, pero que forjaron un suelo común, de aquellas que amé aunque no me amaron, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero».

Ella decía tantas cosas.

Gracias, Alejandra.

Gracias a las que fueron, hoy somos. Y seremos.

Por eso, os invito a participar en la campaña de crowdfunding abierta en Verkami. Porque, de verdad, el libro —108 páginas se abren al diálogo entre la poesía, el relato y la ilustración— merece la pena. Porque, quiero pensar, que, al final, alzar la voz sí que sirve de algo, de granito de arena, pero de algo.

Os esperamos.

Sobre el Autor

Pilar Cámara

Tan cursi como un tutú de cuchillas de afeitar, vivo en Revolutionary Road y escribo en rebeldía porque escupir es de mala educación.

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