El desierto, la perseverancia y Ridley Scott

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Los duelistas‘ (1977) es una película en la que tan sólo ocurre una cosa. Ocurre a lo largo de toda la película, por supuesto, es un único evento alargado durante años en la ficción y durante las casi tres horas en la duración de la película. Un hombre se enfrenta a otro. La ópera prima de Ridley Scott puede tratar sobre muchas cosas —historia, la estupidez de la guerra, los vaivenes dentro del ejército—, pero entre ellas trata uno de los temas favoritos de Ridley Scott: La soledad que acompaña a la perseverancia.

Por supuesto, no es una cabezonería cualquiera. El clímax de la película puede resumir perfectamente las dos horas previas: Dos hombres se persiguen para matarse en las ruinas de un palacio que en su día fue bellísimo. El palacio fue pasto de las llamas hace demasiado tiempo, ya no hay nada en él salvo la naturaleza apoderándose de su cadáver. ¿Por qué pelean ambos hombres? ¿Por qué esta batalla a lo largo de las décadas? Cada uno tiene sus motivos, por supuesto. A veces uno lo hace por honor, otras veces por desesperación. El otro suele hacerlo porque es su deber, otras veces porque se ve obligado, bajo presión. Es quizá una lucha a muerte por el honor, por ganarse el respeto del otro. Por conseguir algo que ambos protagonistas necesitan. Sea como fuere, ahí están, solos, persiguiéndose. En un desierto gigantesco y antiguo. Y la localización no es fortuita.

«Nos vamos a matar el uno al otro, cualquier sitio es válido», dice D’hubert antes de comenzar el duelo. Por supuesto, Harvey Keitel y Keith Carradine no van a liarse a tiros en medio de las calles de París, pero la elección del paisaje para el último duelo no podría ser mejor. No se trata sólo del último duelo que tendrá lugar entre ellos, también es el último duelo en Francia, quizá en el mundo. Son los últimos caballeros que quedan como ellos. Sus amigos han ido muriendo. El tiempo ha pasado. Napoleón ha caído, y si bien D’Hubert se mantiene en el rumbo de los modernos, Feraud continúa siendo fiel al emperador Francés. En la historia original (basada en un hecho real) el último duelo tenía lugar con Napoleón aún en el poder, pero eso a Ridley no le interesa. Le interesa tener a dinosaurios de otra época que se encuentran a solas en un paisaje que roza lo postapocalíptico. El castillo derruido son las tradiciones, el mundo perdido en el que los protagonistas ya no se pueden quedar. Pero ellos continúan allí, en su desierto particular. Pero no será aquí el último sitio en el que veremos esto.

A lo largo de toda la filmografía de Ridley Scott encontramos personajes testaduros que utilizan su fuerza y su cabezonería para alcanzar su objetivo aunque tengan que atravesar un infierno/desierto para conseguirlo. ‘Alien y ‘Blade Runner‘ funcionan como ejemplos de esta dinámica y además, son reflejos la una de la otra.

ridley scott

«Quemará toda la grasa en el altar, como quemó la grasa de la ofrenda de la comunión. De esta manera el sacerdote hará expiación por el pecado del líder, y él será perdonado». Los Hardcore fans de ‘Alien’ reconocerán esta frase de Levítico, capítulo dos, versículo 46. Provienen del nombre en el que aterriza la Nostromo. Un nuevo tipo de desierto. Un desierto en el que encontrar algo. Expiación para el sacerdote, parece, pero en la película no llega a quedar claro en ningún momento quién es ese sacerdote ni qué pecados quedan por expiar. Los tripulantes mineros de la nave son un grupo de lo más variopinto, y cuando comienzan a caer a toda velocidad el espectador se da cuenta de que probablemente el sacrificio sean los protagonistas.

Cuando ya no queda nadie en la Nostromo —excepto Ripley y el Xenomorfo— nos encontramos con una situación parecida a la que tiene lugar al final de ‘Los duelistas’, sólo que en este caso, uno de los protagonistas está en clara desventaja frente al otro. Hay un cazador y un cazado. Hay una persecución, no un duelo, y Ripley tan solo cuenta con que, por fin, no tiene obstáculos —compañeros que dudan de ella, androides que la intentan matar…— que le impidan hacer lo que su sentido común —su arma más infalible— le dicta. Damos de nuevo con un personaje cuya testarudez ha llevado a la soledad. Sí, a través de la supervivencia, pero testarudez. El Alien persigue a Ripley por la nave buscando a su presa. No la odia. No pretende hacerla sufrir, es una bestia, un animal, está en su naturaleza perfecta actuar así. Y la de Ripley está el instinto de supervivencia. de nuevo, dos fuerzas enfrentadas en un desierto, en un vacío. Tal y como ocurre en ‘Blade Runner’.

De nuevo damos con un ente extraño nacido en un planeta desértico (Los Replicantes vienen de Marte) que ha llegado a la vida de nuestro protagonista. El Alien y Rutger Hauer habitan en grandes construcciones abandonadas, antes llenas de vida. Ambos funcionan por puro instinto, pero en el caso de Batty es el instinto de supervivencia, como Ripley. Es ahora labor de Deckard cazarle, acabar con él. Pero no es esta vez por puro instinto, por ansia o deseos de destrucción. Deckard lo hace en busca de sí mismo. El personaje interpretado por Harrison Ford no acaba de comprender del todo qué hace y ni porqué, y quizá Batty tenga las respuestas a qué es lo que realmente quiere y cuál es su lugar en el mundo. Se trata, otra vez, de dos personajes que se persiguen, cada uno con sus motivos, sus deseos y ambiciones, en las ruinas de un futuro que bien podría ser nuestro presente. Batty y Deckard, encontrados finalmente en la azotea del hotel abandonado, en su desierto particular. No hay nadie que haya escuchado los disparos, nadie que venga en su ayuda. Ahora ya sólo se pueden ayudar el uno al otro y no hay nada más. En cierta manera, ambos han ido ahí a encontrarse con su destino. Uno para morir, y el otro para descubrir quién es. Cazador y presa son sólo dos etiquetas bajo las que se encuentran, ni siquiera se identifican con ellas. Son dos seres perdidos y solos que en el último momento, se reconfortan. Parecido a lo que hicieron en su día Thelma y Louise.

Tras llevar a Michael Douglas a dar un paseo por Japón en ‘Black Rain, Scott llevó a la gran pantalla puede que una de sus mejores películas en la que (¡oh, casualidades del destino!) hay desierto. Mucho desierto. La aventura de Susan Sarandon y Geena Davis se encuentra a medio camino de multitud de géneros, desde la road movie a la comedia, pasando por el thriller. El viaje de ambas de camino al oeste, hacia el Gran Cañón, con un paisaje que va pasando de la ciudad a un paraje desolado, no es, sin embargo, desolador. De hecho, es uno de los más bellos que ha rodado jamás el director inglés precisamente gracias a sus protagonistas. Esta relación de amor única —de las que necesitamos más hoy en día— es un oasis en el desierto del Colorado. Es precisamente todo lo opuesto de lo que nos ha mostrado Scott en sus últimas películas. No hay combate, no hay persecución entre las protagonistas. No hay odio. Hay comprensión y sororidad. Dos personas que se encuentran al margen de la ley y de la sociedad. En el desierto hay multitud de cosas. Si nos esforzamos —y si somos los elegidos— podemos encontrar hasta a Dios.

No es ningún secreto que para el abajo firmante la mejor representación de Dios en el mundo audiovisual es en ‘El príncipe de Egipto‘, pero le sigue muy de cerca la escena del arbusto en llamas de ‘Exodus‘. Aunque no sea la primera vez que Scott la graba, dando un ejemplo de cómo dirigir una aparición en su épica ‘El reino de los cielos‘. Sea como fuere, en ambos casos tenemos la simbólica zarza en llamas y personajes que se sienten fuera de lugar en un mundo que los ha aceptado y les quiere, pero que están en proceso de rechazar la llamada de la aventura. Orlando Bloom es todo un caballero por derecho propio en la épica de tres horas y media, pero duda de que su participación en esta guerra tenga ningún sentido. Christian Bale ha huido de todo y de todos —su hermano, su familia y su país— y no comprende cómo su vuelta puede provocar ningún tipo de cambio en su pueblo. Y entonces a ambos se les aparece Dios. En el desierto. Ambos ofrecen lo mismo, prácticamente. Redención. Fuerzas para continuar. Para rematar el trabajo. Fe. Ya no se trata ni siquiera de un enfrentamiento entre personajes, ni una conexión entre personas. Se trata de Dios y el ser humano. De su complicada relación. De como el de ahí arriba está siempre para echarnos una mano, de que no pierde en la fe en nosotros, de que sigamos. Pero hay gente que no cree en Dios. ¿Qué hacemos con ellos? Pues les damos a Matt Damon.

El último encontronazo de Scott con los desiertos nos ha llevado a la tierra de origen de Roy Batty en una épica que ganó un Oscar a mejor película y que está al servicio de la moda actual de las películas espaciales (‘Life’,’Passengers’,’Gravity’). En este caso en particular, Scott deja a Matt Damon solo en el desierto de Marte. Se tiene a sí mismo, su buen humor y su americanidad para conseguir salir de allí. A lo largo de la primera hora, el protagonista lucha por sobrevivir y busca dentro de sí mismo y a su alrededor las herramientas para sobrevivir. El desierto ya no es sólo enemigo, es de quien sacar provecho, con quien colaborar para conseguir beneficios. El escenario ya no es un mundo inerte, es un entorno útil —si eres un experto en botánica—. Ya no hay batallas que luchar si no es contra uno mismo.

ridley scott

Por supuesto, existen varios ejemplos que me dejo en el tintero. En ‘Gladiator el desierto vale como punto de renacimiento para Máximo. En ‘Red de Mentiras es el escenario de Leonardo DiCaprio que funciona como reflejo oscuro de la realidad idealizada en la que habita Russel Crowe. En ‘Prometheus el planeta muerto hace que Rooney Mara vuelva a ser fértil (de una forma de vida horrible, sí, pero fértil).

Resulta curiosa la evolución de las narraciones del desierto de Scott. Primero el hombre contra su enemigo, después, la búsqueda de los motivos de la existencia, a continuación, la unidad y la lucha contra la adversidad que le sigue la ayuda divina. Y ahora el ser humano está solo en el desierto y sobrevive. ¿Qué viene a continuación? Tengo bastante claro que si Ridley Scott simplemente grabase paisajes desérticos estilo Malick conseguiría extraer algunas historias apasionantes de los mismos. Sea lo que sea, lo recibiré con los ojos abiertos.

Sobre el Autor

Andrés R. Paredes

Licenciado en Bellas Artes y con un máster en Investigación y creación
artística. En 2015 publico mi primer libro sobre la figura del Diablo
en el cine. Defensor acérrimo de ‘El gran halcón’.

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