Hablamos con mujeres que nunca han salido de España

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Hablamos con cuatro mujeres que nunca han salido de España

En ninguna época de la historia de la humanidad se ha viajado tanto como ahora y los estudios pronostican que cada vez se viajará más. Un ejemplo magnífico es la situación española: hay un millón más de españoles en el extranjero que hace ocho años —contando tan solo los inscritos en consulados ya son más de dos millones los que viven en el extranjero—. Los jóvenes no encuentran las salidas profesionales que les prometieron cuando metieron los pies en la universidad y, por el contrario, sí que hallan las puertas de embarque de los aeropuertos que les ilusionan con un futuro.

Cuando contamos países en los que hemos estado los millenials consideramos un sedentario de manual a quien no supera la decena. Hasta moverse por Europa es como andar por casa; no es más aventurero que salir al balcón con la intención de gozar del aire fresco de la mañana. Para sorprender a alguien hasta el punto de que tenga interés en escuchar tus hazañas tienes que contarle que has puesto los pies, por lo menos, en Djibouti, Swazilandia o Corea del Norte. ¿Quién no ha estado en París, Londres, Berlín o Ámsterdam?

Qué lejos queda el mundo de Fray Servando, quien dijo que los españoles, como no viajaban, no tenían con qué hacer comparación y por eso España les parecía lo mejor del mundo, el jardín de las Hespérides. Es muy fácil recorrerse el mundo ahora que existen los vuelos low cost, las becas Erasmus, el Interrail y los padres que te financian lo que requiera el señor o la señora.

Existieron otras épocas, bastante más cercanas que la de Fray Servando, que también carecieron de todo esto. En cambio, lo que sí tenían era un dictador, una sociedad con una mentalidad machista que lo impregnaba todo y el peso de la vida, que acostumbra a machacarte.

«Pero ¿quién le mete a vuestra merced, señor tío, en esas pendencias? ¿No será mejor estarse pacífico en su casa, y no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo, sin considerar que muchos van por la lana y vuelven trasquilados?», le preguntó a Don Quijote de la Mancha su sobrina.

Dolors Molet Garriga, 92 anys, Centelles

 Hablamos con cuatro mujeres que nunca han salido de España

¿Cuál es el motivo principal que ha provocado que usted nunca haya salido de España?

Cuando yo era joven la gente no viajaba. Como mucho a Andorra y ya está. Básicamente nos movíamos de Barcelona a Puigcerdà. Todos mis amigos también llevaban este tipo de vida.

¿Entonces tiene más que ver con una forma de vida escogida que con motivos económicos o con la falta de facilidades para viajar?

Sí, era una forma de vida. No teníamos esta inquietud que ahora existe por viajar. Todo era muy diferente. De pequeños en casa no teníamos televisión, así que nos llegaba muy poca información del extranjero. Actualmente los jóvenes recibís por todos lados estimulantes para viajar. La radio, la televisión e Internet no paran de explicaros lo maravilloso que es. En cambio, mi marido y yo hemos vivido más de la mitad de nuestra vida sin televisión.

¿A qué dedicaban su tiempo de ocio?

Cuando no estábamos cuidando a las vacas dábamos una vuelta por los alrededores del pueblo o íbamos a rosario. Y de vez en cuando a bailar o al cine. Pero había una hora de camino hasta allí y otra de vuelta a causa de que teníamos que ir andando.

¿Su economía era solvente?

Teníamos dinero suficiente para tirar adelante. No éramos de tener caprichos. Nuestra vida siempre ha sido muy rutinaria y tranquila. Ya te digo, como mucho nos permitíamos ir en autobús hasta Puigcerdà. Pero esto ya fue con 60 años.

¿La educación que le dieron sus padres fue moderna o conservadora?

Mis padres me tenían muy atada porque eran muy conservadores. Los domingos por la tarde nos obligaban a ir a rosario. Ellos tampoco habían viajado. Solo mi padre fue una vez a Lourdes para curarse de una dolencia que tuvo.

¿Y una vez han pasado los años a usted no le ha venido la inquietud por viajar?

No, porque suficiente tenía con trabajar y cuidar la casa. Yo trabajaba de modista de lunes a lunes. Y hubo una época en la que fui habitualmente a Barcelona para aprender a hacer corbatas.

¿Cuando se casó con su marido dónde fueron de luna de miel?

En coche por Madrid y la costa catalana. Yo tenía 38 años. Esa fue la primera vez que salí de Catalunya.

¿Ha cogido alguna vez un avión?

Sí, en ese mismo viaje también fuimos a Mallorca.

¿Y qué piensa cuándo ahora ve que sus hijos y nietos no paran de viajar?

Que disfruten de la vida. Nosotros no pudimos disfrutar de nada. Si fuese joven y tuviese algo de dinero claro que me gustaría ir a muchos de estos sitios que veo por la televisión.

Teresina Amaro Sirera, 70 años, Montcada i Reixac

¿Cuál es el motivo principal que ha provocado que usted nunca haya salido de España?

No he tenido demasiado interés en visitar el extranjero. De hecho, nunca he ido a hacerme el pasaporte. Si vivíamos en Mas Rampinyo, un barrio de Montcada i Reixac, y cuando nos decían de ir al centro ya resoplábamos. Siempre he vivido en la misma calle. El máximo desplazamiento que hacía unas décadas atrás era ir los sábados hasta el barrio de La Barceloneta para visitar a unos familiares que tenía allí. Pero se murieron y ahora hace mucho tiempo que no voy a Barcelona a no ser que tenga que ir al médico.

¿Por España ha viajado?

Lo más lejos que he ido ha sido hasta Cartagena para presenciar la jura de bandera de uno de mis hijos. El otro la hizo en Lleida y después quisimos visitar Zaragoza con mi marido, pero cuando ya nos quedaban pocos kilómetros para llegar nos llamó mi madre diciendo que no se encontraba demasiado bien. En mi casa vivían mis padres, mi abuelo materno y el hermano de mi madre. Siempre que nos íbamos se ponían enfermos. Algunas veces era verdad y otras lo exageraban un poco para que regresáramos. Era mejor avisarlos con poco tiempo de antelación de que nos marchábamos algunos días fuera, como cuando visitábamos la Val de Aran, un lugar que nos gusta mucho a mi marido y a mí. Por cierto, después del viaje fallido a Zaragoza nos prometimos que volveríamos a intentarlo y muchos años después aún no lo hemos hecho. Ese día mi marido se enfadó conmigo.  

¿Dónde fueron de luna de miel?

Fuimos a Mallorca en avión. Y cuando hicimos 32 años de casados volvimos a ir, pero esta vez en barco.

¿Su marido tampoco ha tenido interés en viajar al extranjero?

Él antes de conocerme había ido a Francia para visitar a un tío que tenía allí, pero cuando me conoció se adaptó a mí. En la televisión habitualmente mira documentales y reportajes sobre países extranjeros. Antes de jubilarnos dijimos que cuando lo hiciéramos haríamos una ruta por el norte de España, pero ahora él ya tiene 79 años y yo soy diabética. No creo que la hagamos.

¿Son viajeros sus hijos?

Tampoco han viajado demasiado. Por lo menos fuera de España. El grande tiene 48 años, está soltero y como vive en la misma calle viene a comer a casa prácticamente cada día. El pequeño tiene 45, mujer e hijos. Les queremos dar total libertad para que hagan lo que quieran y no tengan las restricciones que tuvimos mi marido y yo al tener a tantos familiares en casa a nuestro cuidado.

Loli Armero, 54 años, Barcelona

Hablamos con cuatro mujeres que nunca han salido de España

¿Cuál es el motivo principal que ha provocado que usted nunca haya salido de España?

Cuando era joven mi marido y yo, con el que llevo desde los 17 años, teníamos una economía muy débil. Y no existían los vuelos low cost. Estos hechos se juntaron con que viajar nos motivaba poco. Pero desde hace 25 años sufro una enfermedad desconocida que me ha paralizado de cintura para abajo. Los médicos aún no conocen los motivos de lo que me pasa.

¿Los transportes actuales no le facilitan una manera cómoda de viajar?

La verdad es que no. Los aviones no están preparados para que una persona como yo viaje cómodamente hasta Estados Unidos. Hace unos años fui en avión de Barcelona a Málaga y no lo pasé nada bien durante el viaje. Me subieron con la silla de ruedas y me pusieron en la parte de delante del avión. Éste fue todo el cuidado especial que recibí.

Si las comodidades mejoran en el futuro, ¿se plantea salir de España?

Me acobardo muy rápido, así que no creo. Además, mi marido hace poco ha sufrido un infarto y ahora lleva un marcapasos. Tendrá que tomarse la vida con mucha más tranquilidad. Me conformo con ver viajar a mi hijo.  

Francisca García, 83 años, Jaén

Hablamos con cuatro mujeres que nunca han salido de España

¿Cuál es el motivo principal que ha provocado que usted nunca haya salido de España?

Mira, cuando éramos novios mi marido estaba trabajando en una empresa que se llamaba Aismalibar y le propusieron ir a trabajar a Brasil. Yo le dije que si se quería ir que se fuera solo, que yo no iría con él. Y no se fue. Mi vida ha transcurrido siempre entre Montcada i Reixac y Barcelona. Yo aquí he sido muy feliz. Por eso no he tenido necesidad de irme a vivir a ningún otro lugar. Conozco a muchas personas que se marcharon décadas atrás y que no han sido felices.

¿Durante su juventud aquí era más fácil encontrar trabajo que ahora?

Sí, yo trabajé de los 14 a los 18 años en Aismalibar, pero a mi madre no le gustaba que trabajara allí porque me veía muy delgada. Entonces me fui a una fábrica de telares de La Llagosta, el pueblo vecino de Montcada i Reixac. Nada, me pidieron que me supiera las cuatro reglas, pasé un test y me dijeron que ya podía ir el lunes siguiente. Me hicieron fija desde buen comienzo. Lo que pasa es que se trabajaba mucho, doce horas diarias, y se ganaba una miseria. Ahora a los jóvenes no les dan las oportunidades que nos dieron a nosotros; les piden una experiencia que nadie les deja obtener. Aunque también es verdad que la mayoría de jóvenes actuales piensan en el dinero, no en aprender un oficio.

¿En algún momento ha sido infeliz?

Antes con poca cosa las personas éramos felices. Cuando me encuentro con la colla de toda la vida yo soy feliz. Crecí en un ambiente muy familiar.

¿Se iba de vacaciones?

No, no nos daban vacaciones. Y ya no me acuerdo si también trabajábamos los sábados y los domingos, pero recuerdo todo con mucho cariño. Ponías la radio y sonaban canciones. Actualmente pones la radio y te enteras de una desgracia tras otra. Muchas de las cosas que pasan ahora los mayores no las comprendemos.

¿Dónde fue de luna de miel cuando se casó?

A Mallorca en avión.

¿Sus padres tenían una mentalidad moderna o conservadora?

Uy, no, no. Si mis padres levantaran la cabeza… Yo nací en Jaén, me trajeron a Barcelona con 11 años y nunca he vuelto a allí. Mi padre sí que era más aventurero, pero mi madre era muy miedica para ir a cualquier lugar y no nos daba permiso para viajar a nosotros, sus hijos. Éramos nueve hermanos —siete niñas y dos niños—, yo la tercera. Nos criaron con mucho miedo, parecía que en cualquier momento nos fuese a pasar algo malo. Y solo fui al colegio de los cinco a los ocho años. Después tuve que dejar mis estudios para cuidar a mi abuela. No está bien que unos padres le hagan esto a su hija, aunque también tengo que decir que en casa nunca había malas caras ni enfados.

¿Su marido tampoco ha viajado?

A un balneario de Caldes de Montbui. Y a veces se iba a la playa. Cuando yo era adolescente mi madre no me dejaba ir a la playa y se escandalizaba con los biquinis. En cambio, a mi hermana pequeña sí que le dejó ir alguna vez porque tenía novio. Cuando ella salía de casa llevaba puesto el traje de baño y al llegar a la del novio se lo cambiaba por el biquini. Por dentro yo siempre he tenido más ganas de viajar que mi marido y él no me ha querido acompañar a ningún lugar. Hace tiempo que ya no se quiere mover de aquí. Sin ir más lejos, el año pasado yo hubiese ido a ver a un nieto que está viviendo en Praga. Y me moriré sin haber vuelto al lugar donde nací y donde pasé mi infancia.

Fotografía principal: Óscar F. Hevia ©


Sobre el Autor

Sergi Escudero

Periodista freelance. Es decir, ya se entiende. Me gusta tener gastada la suela de los zapatos. Suele ser sinónimo de haber encontrado grandes historias.

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